Para la Santa Escuela de Cristo de Orduña cada Viernes Santo comienza a las cuatro de la madrugada con los avisos. Termina muchas horas más tarde al acabar la Procesión del Santo Entierro, recoger, apagar y cerrar. Al igual que el año pasado, también este año vivimos un Viernes Santo distinto. Únicamente podremos acudir al templo parroquial una sola vez, al atardecer, para participar en la Celebración de la Pasión del Señor. Cada Hermano o Hermana tiene la experiencia vital de años anteriores para acomodar su tiempo a la penitencia y oración. Como el año anterior, desde aquí, sugerimos dos momentos a lo largo del día para realizar en familia. Todos tenemos en casa el librito de Cánticos de la Semana Santa y podemos cantar, por la mañana los Cánticos piadosos del Calvario y las estaciones del Vía Crucis. Proponemos después un texto de Vía Crucis con pasajes de la obra del Beato Palafox al estar celebrando el 10 aniversario de su glorificación. Por la tarde, se puede cantar todos juntos los Cánticos de la procesión de los Pregones. Concluir el día reflexionando-orando con el bello texto de los Improperios.

 

REFLEXIONANDO EL TRIDUO CON EL BETATO PALAFOX

 

            «Al tiempo que hacían escarnio del Redentor aquellos crueles sacerdotes, escribas y fariseos, dijo a su Padre, rogando por ellos: Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen: Pater, dimitte illis, non enim sciunt quid faciunt. En donde se debe advertir el deseo de que fuese eficaz la intercesión, llamando Padre, cuando pide para otros, al que después llamó Dios, cuando pidió para sí, por valerse del vínculo más tierno y amoroso para conseguir la remisión de sus enemigos, poniéndole delante también lo que podía hacer menores pecados tan grandes, que es la ignorancia del saber que era Dios aquél que crucificaban: Non enim sciunt quid faciunt

No saben lo que hacen. Que aunque supieron lo bastante para pecar gravemente; el Señor ofrecía a su Padre lo que más podía solicitar su clemencia, no lo que podía afilar la espada de la justicia».

Semana Santa. Injusticias en la muerte de Cristo.

Beato Juan de Palafox.

 

 

VÍA CRUCIS

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

ORACIÓN INICIAL

Señor Jesucristo, que has aceptado por nosotros recorrer el camino de la cruz, por Tu Pasión y Muerte, haz que lleguemos a la gloria de la resurrección. Mediatizados por el aforo y la normativa sanitaria, los aquí presentes y los que se unan por otros medios, queremos que nos guíes por el camino de la vida. Junto al relato de Tu Pasión con las estrofas del Viernes Santo orduñés; meditamos también el mensaje del bienaventurado Juan de Palafox, ministro tuyo y cofundador de la Escuela de Cristo. En el décimo aniversario de su beatificación, él nos ayuda con el mensaje y la reflexión de su obra Injusticias que intervinieron en la muerte de Cristo nuestro Redentor. Queremos pedirte que nos ayudes a descubrir las injusticias que existen en nuestro mundo actual. Escucha nuestra oración por ellos, y que, a imitación del obispo Palafox, sepamos aceptar el compromiso evangélico que tenemos como bautizados. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“De Pilatos subiendo al Pretorio será la primera Estación que andarás, do verás que mi cuerpo azotaron crueles verdugos con dura impiedad. Sígueme y verás, que cobarde sus manos lavando Pilatos sentencia de muerte me da”.

 

REFLEXIÓN:

«Diría Pilatos: si es Dios, ¿qué hemos de hacer? Él es el que podrá hacer y deshacer en nosotros y no habrá fuerzas humanas que le puedan resistir; y si dice que es Dios y no lo es, imposible será que dure mucho su engaño y no puede hacernos mal. Con esto le acusaron los sacerdotes de que se hacía rey, y como quiera que para esto no vinieron prevenidos de pruebas, dijo Pilatos: Estos acusan, éste niega y aquéllos no tienen prueba alguna, es necesario absolver; porque al reo no basta acusarlo, es preciso convencerlo».

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo manifiestas tu gloria a todas las naciones, vela solícito por la obra de tu amor, para que la Iglesia, extendida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

SEGUNDA ESTACIÓN: JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“La segunda Estación es en donde, apenas Pilatos sentencia me da…; los sayones la cruz me cargaron, y a golpes y a prisa me hicieron andar. Sígueme y verás, que una soga me echaron al cuello y de ella inclementes, tirándome van”.

 

REFLEXIÓN:

«Recibieron duramente los soldados a Cristo bien nuestro; y ya sin defensa alguna entregado del juez, conforme a la opinión de graves autores, le volvieron a azotar y a poner sus sagradas vestiduras y fijarle la corona de espinas que antes tenía ya puesta. Después para alivio de sus penas le mandaron que cargase con la cruz sobre sus hombros…».

 

ORACIÓN:

Dios todopoderoso y eterno, cuya sabiduría gobierna todas las cosas, atiende bondadoso nuestras súplicas y guarda en tu amor a quien has elegido como Papa, para que el pueblo cristiano, gobernado por ti, progrese siempre en la fe bajo el cayado del mismo pontífice. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

TERCERA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “La tercera Estación te recuerda, siguiendo mis pasos con santa piedad, la primera caída en que el suelo tocara mi boca con golpe mortal. Sígueme y verás, que a puñadas y a palos y a golpes aquellos tiranos me fuerzan a andar”.

 

REFLEXIÓN:

«¿Cómo, dulce Jesús mío, se va la pena al merecimiento y no se viene a la culpa? ¿Cuánto mejor fuera buscar mi maldad para castigarla, por no haber buscado yo, para adorar esa infinita bondad? Pero para que pudiese ser remediada mi perdición, quisisteis padecer Vos esas penas que están purificando mis culpas.».

 

ORACIÓN:

Dios todopoderoso y eterno, cuyo Espíritu santifica y gobierna todo el cuerpo de la Iglesia, escucha las súplicas que te dirigimos por tus ministros, para que, con la ayuda de tu gracia, todos te sirvan con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

CUARTA ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “En la cuarta Estación considera, que en ella mi Madre me vino a encontrar, y el dolor que sentía y la angustia al verme, en tal suerte, su amor maternal. Sígueme y verás, que aunque llena de pena y dolores, por verme, de cerca, siguiéndome va”.

Reina del Cielo, / y dulce piedad, / alcánzanos gracia / para no pecar.

 

REFLEXIÓN:

«Aprendamos de la Virgen Señora nuestra, la constancia y caridad al seguirlo, la ternura y devoción al llorarlo. La contrición y lágrimas de San Pedro. El fervor y perseverancia de la santa Magdalena. De las Marías, José y Nicodemus, el religioso culto al sepultarlo y ungirlo; esto es, al servirlo y adorarlo».

 

ORACIÓN:

Dios todopoderoso y eterno, que haces fecunda a tu Iglesia dándole constantemente nuevos hijos, acrecienta la fe y la sabiduría de los catecúmenos, para que al renacer en la fuente bautismal, sean contados entre los hijos de adopción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

QUINTA ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “En la quinta Estación alquilaron un hombre, que el peso me ayude a llevar, porque ansían que llegue al Calvario, que no por entrañas que tengan piedad. Sígueme y verás, que lo hicieron, temiendo que acaso, de tantos dolores no fuera a llegar”.

 

REFLEXIÓN:

«Entonces las injusticias del hebreo y del gentil, que comenzaron en Cristo Señor nuestro, se continuaron en todos sus seguidores y discípulos, andando siempre perseguida la Iglesia de los tiranos, idólatras y herejes, y los buenos de los malos, porque ni se cansa el perverso al perseguir, ni ha de cansarse el virtuoso al tolerar».

 

ORACIÓN:

Dios todopoderoso y eterno, que vas reuniendo a tus hijos dispersos y velas por la unidad ya lograda, mira con amor a la grey de tu Hijo, para que la integridad de la fe y el vínculo de la caridad congregue a los que consagró un sólo bautismo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

SEXTA ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “En la sexta Estación una Santa mujer fervorosa, me vino a enjugar, con su toca, el sudor y la sangre que enturbian mis ojos y velan mi faz. Sígueme y verás, que mi rostro, estampado en el lienzo, quedó por reliquia de eterna verdad”.

 

REFLEXIÓN

«Aprendamos en Cristo nuestro Señor aquella invicta paciencia al padecer injurias del enemigo, aquella ardiente caridad al amar a sus criaturas, aquella alta resignación  al obedecer al Padre, aquella providencia con su Iglesia y con su Madre, aquel morir por amar, aquel amar a los mismos que le hacían tan cruelmente morir».

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abraham y a su descendencia, escucha con piedad las súplicas de tu Iglesia, para que el pueblo de la primera alianza llegue a conseguir en plenitud la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “Hasta el séptimo paso llegando, aquesta jornada sangrienta en que vas, te dirá que la cruz me ha rendido, y roto mi cuerpo de nuevo caerá. Sígueme y verás, que llagado de pies a cabeza tan largo camino tu Dios andará”.

 

REFLEXIÓN

«Las autoridades y sacerdotes todos pecaron, pues cuando debían unirse todos a defenderlo, pusieron su cuidado en entregarlo y se rogaban unos a otros con el inocente, y se hacían corteses y amigos con el delito, sacudiendo cada uno de sí el cuidado y el escrúpulo y echándolo a su vecino, cosa que no es salvar al inocente, sino procurar ver si pueden salvarse a sí, señalando a otro ministro y que mate al inocente».

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo encontrar la verdad al caminar en tu presencia con sincero corazón, y a nosotros, deseosos de ahondar en el misterio de tu vida, ser ante el mundo testigos más convincentes de tu amor y crecer en la caridad fraterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “En la octava Estación al encuentro piadosas mujeres me van a llorar, y afligidas lamentan mi suerte, vertiendo sus ojos copioso raudal. Sígueme y verás, que mi voz las consuela y las dice; que sólo el pecado se debe llorar”.

 

REFLEXIÓN

«Los malos llenos de saña y furor, iban con su misma crueldad dando mayor fuerza a su pasión; y todo aquello que en los buenos era motivo de dolor, lo daba en el fariseo a ser más poderosa su ira; porque la ansia de hallarse libres de la censura, corrección y santo celo del Salvador de las almas, y ver sus virtudes, sus milagros, su doctrina, daba más fuertes vueltas al cordel de su tormento y venganza».

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que creaste a todos los hombres para que, deseándote siempre, te busquen y, cuando te encuentren, descansen en ti, concédeles, en medio de sus dificultades, que los signos de tu amor y el testimonio de las buenas obras de los creyentes los lleven al gozo de reconocerte como el único Dios verdadero y Padre de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

NOVENA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “La novena Estación es en donde, la cruz dolorosa me vuelve a postrar, y a la fuerza me arrastran, y quieren que llegue al calvario, paciente Isaac. Sígueme y verás, que al andar, aunque sufra caídas, aliento en las tuyas, mi ejemplo te da”.

 

REFLEXIÓN

«¿Han de ser penas en Vos, las que son culpas en mí? ¿Esas manos clavadas que han sido mi redención? ¿Esas, con que desatáis en mi alma las pasiones, clavan en vuestra Pasión? ¡Oh manos de la liberalidad, que fecundan lo criado! ¡Oh pies que tantas veces corristeis para salvarme, que tantas veces me detuvisteis al perderme!».

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, en tu mano están los corazones de los hombres y los derechos de los pueblos, mira con bondad a los que nos gobiernan, para que en todas partes se mantengan, por tu misericordia, la prosperidad de los pueblos, la paz estable y la libertad religiosa. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “En aquesta Estación considera, que el décimo paso doliente andarás, para verme desnudo ante el pueblo; que afrenta más grande no puede llevar. Sígueme y verás, que las hieles y vino mirrado, aquellos sayones me dan a gustar”.

 

REFLEXIÓN

«Así como fijaron al Redentor en la cruz, quedando desnudo el cuerpo y en el suelo los vestidos, trataron de dividirlos entre los cuatro soldados que allí estaban. Llegando a la túnica inconsútil, que era admirable, les hizo gran lástima dividirla, y así trataron de echar suertes sobre ella, de la manera que estaba profetizado. Me doy por los hombres y les entrego mis bienes, que no sólo me concedo a quien me quiere por elección, sino me doy a quien me toca por suerte».

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, singular protector en la enfermedad humana, mira compasivo la aflicción de tus hijos que padecen esta pandemia; alivia el dolor de los enfermos, da fuerza a quienes los cuidan, acoge en tu paz a los que han muerto y, mientras dura esta tribulación, haz que todos puedan encontrar alivio en tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “El undécimo paso que siguen, las almas cristianas que lloran mi mal, te dirá que tu negro pecado, cual fiero verdugo, clavándome está. Sígueme y verás, cuál sería el dolor de mi Madre, oyendo el martirio cruel golpear”.

 

REFLEXIÓN

«Así clavado, honró también las cuatro partes del mundo: al occidente con su rostro, al oriente con sus espaldas, con una mano al septentrión, con la otra al mediodía; como quien los llama a todos que vengan a lograr los méritos de su sangre y el bien de su Redención».

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los afligidos y fuerza de los que sufren, lleguen hasta ti las súplicas de quienes te invocan en su tribulación, para que todos sientan en sus adversidades el gozo de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DUODÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “La duodécima escena a que llegas, en esta tragedia que va a terminar, te recuerda que al fin en un palo, cosido con clavos, tu Dios estará. Sígueme y verás, que hasta el cielo se enluta al mirarme, morir por el mundo y en cruz expirar”.

 

REFLEXIÓN

«¿Quién hay tan cruel que no deponga la ira viendo padecer al perseguido? ¿Ni quién con la venganza llegó más que hasta la satisfacción? ¿Qué queríais escribas y fariseos? ¿Que muera Jesús? Ya está muriendo y clavado en un madero. Queremos, dicen también, que muera escarnecido y burlado, y verlo morir y reírnos y recrearnos al mirarlo».

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo manifiestas tu gloria a todos los pueblos, vela solícito por la obra de tu amor, para que Orduña persevere con fe inquebrantable dando testimonio de la misma. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DECIMOTERCERA ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU MADRE

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“A la décimatercia has llegado, piadosa Estación donde triste verás, que desclavan mi Santo cadáver, y manos amigas lo van a bajar. Sígueme y verás, que mi Madre al tenerme en sus brazos, veía en mis llagas tu ciega maldad”.

Reina del Cielo, / y dulce piedad, / alcánzanos gracia / para no pecar.

 

REFLEXIÓN

«Habiéndole pues concedido Pilatos al venerable José el Cuerpo del Redentor, sin recelo alguno fue al Calvario y con Nicodemus y San Juan Evangelista le bajaron de la cruz y entregó a la Reina de los ángeles su Madre y con pías lágrimas lo recibió y lo lloró.  Siendo amable misterio para el cristiano ver a la Virgen María con Cristo nuestro Señor al nacer, verla también al morir; como quien señala no sólo que nació y murió por nosotros el Hijo eterno de Dios, sino que para lograr su vida y su muerte no hay medio como su Madre».

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, cuya sabiduría gobierna todas las cosas, atiende bondadoso nuestras súplicas y guarda en tu amor a nuestras comunidades, para que como pueblo cristiano, siga fiel a la fe y practique la fraternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DECIMOCUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “La postrera Estación es en donde, los Santos Varones me van a enterrar, y un sepulcro me dan de limosna, y allá por tres días mi Cuerpo estará. Sígueme y verás, que aquí llora de nuevo mi Madre, de su Hijo querido, cruel soledad”.

 

REFLEXIÓN

«Señor, dijeron a Pilatos, nos hemos acordado que aquel sedicioso dijo, cuando vivía: Después de tres días resucitaré. Mandad, pues, que se guarde el sepulcro, porque acaso no vengan sus discípulos y lo hurten y digan a la plebe, resucitó de los muertos, y sea peor engaño que el primero. Respondió Pilatos: Tenéis soldados, id y guardarlo como sabéis».

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, cuyo Espíritu santifica y gobierna todo el cuerpo de la Iglesia, escucha las súplicas que te dirigimos para que Juan de Palafox sea glorificado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

ORACIÓN FINAL

Padre, te pedimos con las palabras del Beato Palafox que «fieles, de este discurso de la Pasión del Señor, tratemos de aprovecharnos, procurando lograr escarmiento de lo injusto y enseñanza de lo santo. Escarmentémonos de los malos sacerdotes, escribas y fariseos, para no dejarnos llevar de la pasión y la envidia, no aborrecer la virtud, ni la santa y buena doctrina, ni la recta reformación de costumbres. Que aprendamos el ejemplo de la Virgen y las Marías, a quién el Señor resucitado se apareció primero, porque con devotas lágrimas lo lloraron en el monte y al pie de la cruz». Te lo pedimos por Tú Hijo, nuestro Maestro, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

Que Cristo, nuestro redentor, nos bendiga y nos proteja, por los siglos de los siglos. Amén.

 

VICTORIA, TU REINARÁS, OH CRUZ, TU NOS SALVARÁS.

 

 

IMPROPERIOS

I

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Yo te saqué de Egipto;

tú preparaste una cruz para tu Salvador.

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Santo es Dios.

Santo y fuerte.

Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

 

Yo te guié cuarenta años por el desierto,

te alimenté con el maná,

te introduje en una tierra excelente;

tú preparaste una cruz para tu Salvador.

 

Santo es Dios.

Santo y fuerte.

Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

 

¿Qué más pude hacer por ti?

Yo te planté como viña mía,

escogida y hermosa.

¡Qué amarga te has vuelto conmigo!

Para mi sed me diste vinagre,

con la lanza traspasaste el costado

a tu Salvador.

 

Santo es Dios.

Santo y fuerte.

Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

 

II

 

Yo por ti azoté a Egipto y a sus primogénitos;

tú me entregaste para que me azotaran.

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Yo te saqué de Egipto,

sumergiendo al Faraón en el mar Rojo;

tú me entregaste a los sumos sacerdotes.

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Yo abrí el mar delante de ti;

tú con la lanza abriste mi costado.

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Yo te guiaba con una columna de nubes;

tú me guiaste al pretorio de Pilato.

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Yo te sustenté con maná en el desierto;

tú me abofeteaste y me azotaste.

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Yo te di a beber el agua salvadora

que brotó de la peña;

tú me diste a beber hiel y vinagre.

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Yo por ti herí a los reyes cananeos;

tú me heriste la cabeza con la caña.

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Yo te di un cetro real;

tú me pusiste una corona de espinas.

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Yo te levanté con gran poder;

tú me colgaste del patíbulo de la cruz.

 

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

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