Hoy comienza la Semana Santa, es el inicio del camino hacia la Pascua de Resurrección. El año pasado ese camino lo hacíamos confinados cada persona en su casa. Dándole una importancia mayor a la Iglesia Doméstica. En esta ocasión, se puede acudir al templo. Sabemos que hay que hacerlo cumpliendo el aforo permitido. Respetando la distancia interpersonal. Utilizando el gel a la entrada y a la salida. Siguiendo las indicaciones de las personas voluntarias. Así venimos haciéndolo durante un largo periodo de tiempo.

            No obstante, sabemos que existen almas que, por diferentes motivos, seguirán en su hogar durante estos días. Para ellas están los medios de comunicación que ofrecen en diferentes momentos las funciones y celebraciones de estos días Santos. También desde está página Web queremos aportar nuestra pequeña participación.

            En este Domingo de Ramos, proponemos la lectura pausada del Evangelio que se realiza cada Domingo de Ramos antes de la bendición, para a continuación, meditar-rezar con los Himnos de este día.

 

EVANGELIO

 

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo (21, 1-11). 

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:

-«Id a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto»

Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta:

«Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila”»

Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:

-«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!»

Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada:

-«¿Quién es éste?»

La gente que venía con él decía:

-«Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea»

 

HIMNOS

 

OFICIO DE LECTURA.

¡Oh, cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

Cantemos la nobleza de esta guerra,

el triunfo de la sangre y del madero;

y un Redentor, que en trance de Cordero,

sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso

de Adán, que mordió muerte en la manzana,

otro árbol señaló, de flor humana,

que reparase el daño paso a paso.

Y así dijo el Señor: «¡Vuelva la Vida,

y que el Amor redima la condena!»

La gracia está en el fondo de la pena,

y la salud naciendo de la herida.

¡Oh, plenitud del tiempo consumado!

Del seno de Dios Padre en que vivía,

ved la Palabra entrando por María

en el misterio mismo del pecado

¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,

y a Dios como el menor de los humanos?

Llorando en el pesebre, pies y manos

le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,

dio el paso hacia la muerte porque él quiso.

Mirad de par en par el paraíso

abierto por la fuerza de un Cordero.

Al Dios de los designios de la historia,

que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;

al que en la cruz devuelve la esperanza

de toda salvación, honor y gloria. Amén.

 

LAUDES.

El pueblo que fue cautivo

y que tu mano libera

no encuentra mayor palmera

ni abunda en mejor olivo.

Viene con aire festivo

para enramar tu victoria,

y no te ha visto en su historia,

Dios de Israel, más cercano:

ni tu poder más a mano

ni más humilde tu gloria.

¡Gloria, alabanza y honor!

Gritad: «¡Hosanna!», y haceos

como los niños hebreos

al paso del Redentor.¡Gloria y honor

al que viene en el nombre del Señor! Amén

 

VÍSPERAS.

¿Quién es este que viene,

recién atardecido,

cubierto con su sangre

como varón que pisa los racimos?

Este es Cristo, el Señor,

convocado a la muerte,

glorificado en la resurrección.

¿Quién es este que vuelve,

glorioso y malherido,

y, a precio de su muerte,

compra la paz y libra a los cautivos?

Este es Cristo, el Señor,

convocado a la muerte,

glorificado en la resurrección.

Se durmió con los muertos,

y reina entre los vivos;

no le venció la fosa,

porque el Señor sostuvo a su Elegido.

Este es Cristo, el Señor,

convocado a la muerte,

glorificado en la resurrección.

Anunciad a los pueblos

qué habéis visto y oído;

aclamad al que viene

como la paz, bajo un clamor de olivos. Amén.

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