Tras la Noche Santa, vivimos hoy el Domingo de la Resurrección del Señor, del Maestro. ¡ FELICES PASCUAS !

Demos gracias a Dios, por haber culminado la Cuaresma, en la Semana Santa y en la resurrección del Maestro. Para ello hoy sugerimos la meditación con un texto del Beato Palafox, el rezo de la Secuencia. Es uno de los textos más bellos de todos estos días. Y después con calma y alegría os presentamos un Vía Lucis. Práctica de piedad junto a Jesús y su Madre.

 

REFLEXIONANDO CON EL BETATO PALAFOX

 

            «Resucitó el Señor y se manifestó primero resucitado a quien lo lloró afligido, y así primero lo vio la Virgen y las Marías, porque con devotas lágrimas lo lloraron en el monte y al pie de la cruz, como quien paga a los ojos el mérito de los ojos; lloráronme atribulados, pues que me miren glorioso. Luego estableció en la Iglesia altos misterios, confortó a los apóstoles, purificó a Pedro con tres confesiones al amor de aquellas tres negaciones del temor. Y esto mismo está diciendo que no faltó en la fe Pedro, pues no le examinó en ella sino en el amor, como quien conoce que no en aquélla sino en éste cayó el Santo.

Y se conoce que a Tomás que no había faltado en el amor, pues que dijo: Eamus et nos, ut moriamur cum illo: Vamos y muramos con él, sino en la fe: Nisi videro in manibus etc., le dio la evidencia en ella, mandándole que entrase la mano en su costado: Mitte manum tuam, y que viese aquello que no creyó sino con esta evidencia. Al fin, después de haber en cuarenta días hecho tan claro el misterio, consolado a su Madre, confortado a sus discípulos, sustituido su poder en san Pedro y su santa Sede y prometido el Espíritu Santo a los discípulos, subió a los cielos triunfante, llevando consigo las almas que estaban en el seno de Abrahán. Y entonces las injusticias del hebreo y del gentil, que comenzaron en Cristo Señor nuestro, se continuaron en todos sus seguidores y discípulos, andando siempre perseguida la Iglesia de los tiranos, idólatras y herejes, y los buenos de los malos, porque ni se cansa el perverso al perseguir, ni ha de cansarse el virtuoso al tolerar».

Semana Santa. Injusticias en la muerte de Cristo.

Beato Juan de Palafox.

 

SECUENCIA

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es Vida,

triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?».

«A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua.

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa.

 

VÍA  LUCIS

 

Por la señal… Señor mío Jesucristo…

 

ORACIÓN INICIAL

Jesús, con tu Resurrección triunfaste sobre la muerte y vives para siempre comunicándonos la vida, la alegría, la esperanza y el consuelo. Tú que fortaleciste la fe de los apóstoles, de las mujeres y de tus discípulos, enseñándolos a amar con obras, fortalece también nuestro espíritu para que nos entreguemos de lleno a Tí. Queremos compartir contigo y con tu Madre Santísima la alegría que nos proporciona tu Resurrección Gloriosa. Tú que nos has abierto el camino hacia el Padre, haz que, iluminados por el Espíritu Santo, gocemos un día de la gloria eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

I ESTACIÓN: ¡CRISTO VIVE!:¡HA RESUCITADO!.

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

En los sepulcros suele poner “aquí yace”, en cambio en el de Jesús el epitafio no estaba escrito sino que lo dijeron los ángeles: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado”. Cuando todo parece que está acabado, cuando la muerte parece haber dicho la última palabra, hay que proclamar llenos de gozo que Cristo vive, porque ha resucitado. Su muerte redentora nos ha liberado del pecado, y ahora su resurrección gloriosa nos ha abierto el camino hacia el Padre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Porque Cristo nuestro hermano, ha resucitado,

María alégrate, aleluya, aleluya, aleluya.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

II ESTACIÓN: EL ENCUENTRO CON MARÍA MAGDALENA.

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

La Magdalena ama a Jesús, con un amor limpio y grande. Su amor está hecho de fortaleza y eficacia, como el de tantas mujeres que saben hacer de él entrega. María ha buscado al Maestro y la respuesta no se ha hecho esperar: el Señor reconoce su cariño sin fisuras, y pronuncia su nombre. Cristo nos llama por nuestros nombres, personalmente, porque nos ama a cada uno. Y a veces se oculta bajo la apariencia del hortelano, o de tantos hombres o mujeres que pasan, sin que nos demos cuenta, a nuestro lado. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Aleluya, aleluya, es la fiesta del Señor,

Aleluya, aleluya, el Señor resucitó.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

III ESTACIÓN: JESÚS SE APARECE A LAS MUJERES

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Las mujeres son las primeras en reaccionar ante la muerte de Jesús. Y obran con diligencia: su cariño es tan auténtico que no repara en respetos humanos, en el qué dirán. Cuando embalsamaron el cuerpo de Jesús lo tuvieron que hacer tan rápidamente que no pudieron terminar ese piadoso servicio al Maestro. Por eso, como han aprendido a querer, a hacer las cosas hasta el final, van a acabar su trabajo. Son valientes y generosas, porque aman con obras. Han echado fuera el sueño y la pereza y, antes de despuntar el día, ya se encaminan hacia el sepulcro. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Señor, me has mirado a los ojos,

sonriendo has dicho mi nombre,

en la arena he dejado mi barca,

junto a Ti buscaré otro mar.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

IV ESTACIÓN: LOS SOLDADOS CUSTODIAN EL SEPULCRO DE CRISTO

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Los enemigos de Cristo quisieron cerciorarse de que su cuerpo no pudiera ser robado por sus discípulos y, para ello, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y montando la guardia. Y son precisamente ellos quienes contaron lo ocurrido. Qué acertado es el comentario de un Padre de la Iglesia cuando dice a los soldados: «Si dormíais ¿por qué sabéis que lo han robado?, y si los habéis visto, ¿por qué no se lo habéis impedido?». En lugar de creer, los sumos sacerdotes y los ancianos quieren ocultar el acontecimiento de la Resurrección y, con dinero, compran a los soldados, porque la verdad no les interesa cuándo es contraria a lo que ellos piensan. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Perdón, oh Dios mío, perdón e indulgencia,

perdón y clemencia, perdón y piedad.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

V ESTACIÓN: PEDRO Y JUAN CONTEMPLAN EL SEPULCRO VACÍO

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Pedro y Juan son los primeros apóstoles en ir al sepulcro. Han llegado corriendo, con el alma esperanzada y el corazón latiendo fuerte. Y comprueban que todo es como les han dicho las mujeres. Hasta los más pequeños detalles de cómo estaba el sudario quedan grabados en su interior, y reflejados en la Escritura. Cristo ha vencido a la muerte, y no es una vana ilusión: es un hecho de la historia, que va a cambiar la historia. Después de este hecho, el Señor saldría al encuentro de Pedro, así nos lo cuenta Pablo y Lucas: «[Cristo] se apareció a Cefas y luego a los Doce». Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Te conocimos Señor, al partir el pan,

Tú nos conoces, Señor, al partir el pan.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

VI ESTACIÓN: JESÚS EN EL CENÁCULO MUESTRA SUS LLAGAS A LOS APÓSTOLES

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Cristo resucitado es el mismo Jesús que nació en Belén y trabajó durante años en Nazaret, el mismo que recorrió los caminos de Palestina predicando y haciendo milagros, el mismo que lavó los pies a sus discípulos y se entregó a sus enemigos para morir en la Cruz. Jesucristo, el Señor que es verdadero Dios y hombre verdadero. Pero los apóstoles apenas pueden creerlo: están asustados, temerosos de correr su misma suerte. Es entonces cuando se presenta en medio de ellos, y les muestra sus llagas como trofeo, la señal de su victoria sobre la muerte y el pecado. Con ellas nos ha rescatado. Han sido el precio de nuestra redención. El Señor, que se ha encarnado por nosotros, nos quiere mostrar, aún más explícitamente, que la materia no es algo malo, sino que ha sido transformada porque Jesús la ha asumido. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Si vienes conmigo y alientas mi fe,

si estás a mi lado ¿a quién temeré?

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

VII ESTACIÓN: EN EL CAMINO DE EMAÚS

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Los de Emaús se iban tristes y desesperanzados: como tantos hombres y mujeres que ven con perplejidad cómo las cosas no salen según habían previsto. No acaban de confiar en el Señor. Sin embargo Cristo «se viste de caminante» para iluminar sus pasos decepcionados, para recuperar su esperanza. Y mientras les explica las Escrituras, su corazón, sin terminar de entender, se llena de luz, «arde» de fe, alegría y amor. Hasta que, puestos a la mesa, Jesús parte el pan y se les abren la mente y el corazón. Y descubren que era el Señor. Nosotros comprendemos con ellos que Jesús nos va acompañando en nuestro camino diario para encaminarnos a la Eucaristía: para escuchar su Palabra y compartir el Pan. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Quédate junto a nosotros,

que la tarde está cayendo,

pues sin Ti a nuestro lado nada hay justo,

nada hay bueno.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

VIII ESTACIÓN: JESÚS DA A LOS APÓSTOLES EL PODER DE PERDONAR LOS PECADOS

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Los apóstoles no han terminado de entender lo que ha ocurrido en estos días, pero eso no importa ahora, porque Cristo está otra vez junto a ellos. Vuelven a vivir la intimidad del amor, la cercanía del Maestro. Las puertas están cerradas por el miedo, y Él les va a ayudar a abrir de par en par su corazón para acoger a todo hombre. Durante la Última Cena les dio el poder de renovar su entrega por amor: el poder de celebrar el sacrificio de la Eucaristía. En estos momentos, les hace partícipes de la misericordia de Dios: el poder de perdonar los pecados. Los apóstoles, y con ellos todos los sacerdotes, han acogido este regalo precioso que Dios otorga al hombre: la capacidad de volver a la amistad con Dios después de haberlo abandonado por el pecado. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: ¡Un solo Señor, una sola fe,

un solo bautismo, un solo Dios y Padre!

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

IX ESTACIÓN: JESÚS FORTALECE LA FE DE TOMÁS

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Tomás no se deja convencer por las palabras, por el testimonio de los demás apóstoles, y busca los hechos: ver y tocar. Jesús, que conoce tan íntimamente nuestro corazón, busca recuperar esa confianza que parece perdida. La fe es una gracia de Dios que nos lleva a reconocerlo como Señor, que mueve nuestro corazón hacia Él, que nos abre los ojos del espíritu. ¡Qué importante es estar pegados a Cristo, aunque no lo sintamos cerca, aunque no lo toquemos, aunque no lo veamos! Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Canto: El Señor nos llama y nos reúne,

somos tu pueblo, signo de unidad,

Él está en medio de nosotros,

sirve a la mesa, nos reparte el pan.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

X ESTACIÓN: JESÚS RESUCITADO EN EL LAGO DE GALILEA

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

En los momentos de incertidumbre, los apóstoles se unen en el trabajo con Pedro. La barca de Pedro, el pescador de Galilea, es imagen de la Iglesia, cuyos miembros, a lo largo de la historia están llamados a poner por obra el mandato del Señor: «seréis pescadores de hombres». Pero no vale únicamente el esfuerzo humano, hay que contar con el Señor. En las circunstancias difíciles, cuando parece que humanamente se ha puesto todo por nuestra parte, es el momento de la confianza en Dios, de la fidelidad a la Iglesia, a su doctrina. El apostolado, la extensión del Reino, es fruto de la gracia de Dios y del esfuerzo y docilidad del hombre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Somos un pueblo que camina,

y juntos caminando, podremos alcanzar,

otra ciudad que no se acaba,

sin penas ni tristezas, ciudad de eternidad.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

XI ESTACIÓN: JESÚS CONFIRMA A PEDRO EN EL AMOR

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Pedro, el impulsivo, el fogoso, queda a solas con el Señor. Y se siente avergonzado porque le ha fallado cuando más lo necesitaba. Pero Jesús no le reprocha su cobardía: el amor es más grande que todas nuestras miserias. Las tres preguntas de Jesús son la mejor prueba de que Él sí es fiel a sus promesas, de que nunca abandona a los suyos: siempre está abierta la puerta de la esperanza para quien sabe amar. La respuesta de Cristo, Buen Pastor, es ponerle a él y a sus Sucesores al frente de la naciente Iglesia, para pastorear al Pueblo de Dios con la solicitud de un padre, de un maestro, de un hermano, de un servidor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Anunciaremos tu reino, Señor,

tu Reino, Señor, tu Reino.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

XII ESTACIÓN: LA DESPEDIDA: JESÚS ENCARGA SU MISIÓN A LOS APÓSTOLES

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Los últimos días de Jesús en la tierra junto a sus discípulos debieron quedar muy grabados en sus mentes y en sus corazones. El Señor pone en su horizonte toda la tarea que tienen por delante: «Id al mundo entero…». Ese es su testamento: hay que ponerse en camino para llevar a todos el mensaje que han visto y oído. Están por delante las tres grandes tareas de todo cristiano: predicar, hablar de Dios para que la gente crea; bautizar, hacer que las personas lleguen a ser hijos de Dios, que celebren los sacramentos; y vivir según el Evangelio, para parecerse cada día más a Jesús, el Maestro, el Señor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Eskerrik asko, Jauna,

bihotz bihotzetik.

Eskerrik asko,

Jauna, orain eta beti.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

XIII ESTACIÓN: JESÚS ASCIENDE AL CIELO

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Todos se han reunido para la despedida del Maestro. Sienten el dolor de la separación, pero el Señor les ha llenado de esperanza. Una esperanza firme: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Es el momento de ponerse a trabajar, de emplearse a fondo para llevar el mensaje de alegría, la Buena Noticia, hasta los confines del mundo, porque contamos con la compañía de Jesús, que no nos abandona. Y no podemos perder un instante, porque el tiempo no es nuestro, sino de Dios. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás,

contigo por el camino, Santa María va.

Ven con nosotros al caminar, Santa María ven,

ven con nosotros al caminar, Santa María ven.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

XIV ESTACIÓN: LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO EN PENTECOSTÉS

-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu muerte y resurrección redimiste al mundo.

Jesús, el Hijo de Dios, está ya en el cielo, pero ha prometido a sus amigos que no quedarán solos. Y fiel a la promesa, el Padre, por la oración de Jesús, envía al Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Muy pegados a la Virgen, Madre de la Iglesia, reciben el Espíritu Santo. Él es el que llena de luz la mente y de fuego el corazón de los discípulos para darles la fuerza y el impulso para predicar el Reino de Dios. A partir de este momento la Iglesia, que somos todos los bautizados, está en peregrinación por este mundo. El Espíritu Santo la guía a lo largo de la historia de la humanidad, pero también a lo largo de la propia historia personal de cada uno, hasta que un día participemos del gozo junto a Dios en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

– Canto: Espíritu Santo, ven, ven (3), en el nombre de Jesús.

Acompáñame, condúceme, toma mi vida,

santifícame, transfórmame, Espíritu Santo, ven.

– ¡Luz de Cristo! – R/ ¡Demos gracias a Dios!

 

ORACIÓN FINAL.

Jesús, hemos meditado sobre Tu Resurrección, sobre los cuarenta días que dedicaste a devolver la fe y la esperanza a los tuyos; así como a los diez días que los dejaste de oración y reflexión junto a María, para que recibieran la fuerza del Espíritu Santo necesaria para cumplir la misión que Tú les confiaste. Que la luz, el gozo y la alegría que acabamos de revivir en este camino del Vía Lucis, gracias a Cristo Resucitado, contagie nuestras vidas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

– Canto: ¡Victoria! ¡Tu reinarás!

¡Oh cruz! ¡Tu nos salvarás!

 

El Verbo en ti clavado,

muriendo nos rescató.

De ti, madero santo,

nos viene la redención.

 

Extiende por el mundo

tu Reino de salvación.

Oh Cruz, fecunda fuente

de vida y bendición.

 

Impere sobre el odio

tu Reino de caridad.

Alcancen las naciones

el gozo de la unidad.

 

Aumenta en nuestras almas

tu Reino de santidad.

El río de la gracia

apague la iniquidad.

 

La gloria por los siglos

a Cristo libertador.

Su cruz nos lleve al cielo,

la tierra de promisión.

 

¡Victoria! ¡Tu reinarás!

¡Oh cruz! ¡Tu nos salvarás!

 

 

 

(Adaptación) https://www.resucitado.net

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