La Resurrección del Maestro es la que da sentido a toda nuestra fe. A los cristianos no les basta un sólo día para festejar con gozo este importante acontecimiento. Por ello la Iglesia celebra la octava de la Pascua para contemplar la Resurrección del Señor durante los ocho días siguientes. Hoy, Lunes de Pascua, es incluso festivo en muchas comunidades y pueblos. Esta alegría se prolonga durante el llamado Tiempo Pascual, que son cincuenta días (hasta Pentecostés) para continuar conmemorando la Resurrección del Maestro y recordando el tiempo que Cristo permaneció con los apóstoles antes de subir al cielo el día de la Ascensión.

            Al continuar el confinamiento, y como comentábamos en la Cuaresma, podemos tener más tiempo en nuestro hogar, en esa Iglesia doméstica, para vivir un Tiempo Pascual renovado: de meditación, reflexión, oración… Para ello contamos también con el apoyo de los medios de comunicación que siguen ofreciendo diariamente la Eucaristía y otros momentos religiosos.

            Desde aquí animar a todas las personas a seguir orando insistentemente como nos piden el Papa y nuestro Obispo por la erradicación de la pandemia. Recordamos la práctica de pedir la intercesión de María, tras el rezo del Ángelus al mediodía, con la

 

Oración del Papa ante el coronavirus

 

“Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino

como signo de salvación y de esperanza.

Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos,

que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús,

manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación de todos los pueblos,

sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros que proveerás,

para que, como en Caná de Galilea,

pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor,

a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús,

quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos

y ha cargado nuestros dolores para conducirnos,

a través de la cruz, a la alegría de la resurrección.

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios.

No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba

y libéranos de todo pecado, o Virgen gloriosa y bendita”. Amén.

 

Regina caeli

 

V: Regina caeli, laetare, alleluia.                   V: Reina del cielo, alégrate, aleluya.

R: Quia quem meruisti portare, alleluia.        R: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.

 

V: Resurrexit, sicut dixit, alleluia.                 V: Ha resucitado según su palabra, aleluya.

R: Ora pro nobis Deum, alleluia.                   R: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

 

V: Gaude et laetare Virgo María, alleluia.    V: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.

R: Quia surrexit Dominus vere, alleluia.       R: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.

 

Oremos:

Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen.

 

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