Tercer Viernes de Cuaresma. El grupo de Cáritas Parroquial nos ayuda a rezar con           sus reflexiones y oraciones. En esta ocasión teniendo presentes, de forma especial, a las            personas más desfavorecidas. No sólo materialmente, sino también espiritual y       anímicamente.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            Jesús fue condenado a muerte, sin haber cometido delito alguno, pero su verdad, aparentemente débil, desenmascara las apariencias y subterfugios de quienes tienen y pueden mucho pero solo actúan en beneficio propio. Estos no facilitan oportunidades para que todos puedan vivir con sencillez. Ganar es su prioridad, aunque sus decisiones tengan consecuencias funestas para multitud de personas.

REFLEXIÓN:

A menudo nuestra tentación es pensar muy mal de los demás, como si merecieran el más severo de los castigos. Y ya de paso, acallamos nuestra conciencia, porque ya hemos señalado a los culpables. ¡Cuántas veces volvemos a condenar a Pilatos, por lavarse las manos! y nos quedamos sin examinar lo más mínimo nuestro proceder en la vida cotidiana. 

ORACIÓN

Señor Jesús, danos una actitud de humanidad compasiva hacia quienes encontramos en nuestro camino, para que nunca juzguemos a nadie, con una medida diferente a la que usamos con nosotros mismos y con los nuestros.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

SEGUNDA ESTACIÓN: JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            A Jesús le cargaron la culpa de todos: «Conviene que uno muera por el pueblo antes que perezca toda la nación». No es que Jesús pusiera en crisis el sistema público israelita; es que aquel sistema de vida suponía la exclusión de los indefensos. A Jesús querer construir el Reino de Dios y su justicia, le costó la cruz. 

REFLEXIÓN:

El pueblo humilde no es el responsable principal de los fracasos económicos, ni ecológicos. Pero ha de cargar con las penurias que generan, sin garantía de mejorar su situación. Cumplir la voluntad misericordiosa de Dios es buen modo de tirar para adelante, como pedían los profetas y el mismo Jesús. 

ORACIÓN:

Llevar la cruz es estar disponible para afrontar situaciones penosas y cargar con el peso de dificultades ajenas, aliviando sufrimientos. Hacerse cargo de la cruz es colaborar con Jesús en la salvación del mundo. Señor Jesús, haz que tu amor nos transforme en auténticos discípulos tuyos.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

TERCERA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            Jesús no cayó en la tentación de adorar ni someterse al dictado del poder terreno. Su gran riqueza fue apreciar el Amor de Dios y amarle con todo el corazón. Nos advirtió «No hagáis un mercado de la casa de mi Padre». También advertía Pablo “El que no trabaje, que no coma”. “Comerás el pan con el sudor de tu frente”. Encontrar trabajo hoy es peliagudo. Entrar en el mercado laboral y caer en empleo precario y mal remunerado es una experiencia habitual.

REFLEXIÓN:

Jesús, el cúmulo de maldades de la humanidad te hicieron caer en el camino del Calvario. Hoy el pecado nos hace caer también a nosotros, nos oprime y endurece nuestro corazón.

ORACIÓN:

Señor, ayúdanos, para que podamos volver por caminos de justicia y amor a la casa del Padre bueno, que espera siempre nuestro regreso.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

CUARTA ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. 

            En el portal de Belén, en la huida a Egipto, el regazo materno protegió a Jesús. Los esfuerzos de María no pueden librar a Jesús de la sentencia de las autoridades israelitas. Pero María sale a su encuentro y le acompaña dolorosa con su amor siempre fiel, para sostenerle en el cumplimiento de su alta misión.

REFLEXIÓN:

Hoy muchos sufrientes desahuciados, sienten a sus madres cercanas a su dolor, con un corazón quebrantado pero entero. No pueden quitar a sus hijos la cruz de encima, pero los sostienen, con su mirada cordial, con su presencia silenciosa, con su oración de confianza.

ORACIÓN:

En los ojos de Jesús y de María hay silencio denso, amoroso y tierno. María, sabes que Jesús sufre por el bien de todos; permaneces cerca de tu hijo hasta el final, confiando en el plan de Dios. Madre de piedad, permítenos sentir tu cercanía en las situaciones difíciles de la vida.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

QUINTA ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

El cirineo que volvía del campo, fue obligado a cargar la cruz de Jesús.  Animado de compasión sincera, ayudó con amor y alivió al Señor.

REFLEXIÓN:

La salida de las sucesivas crisis obliga a casi todos a esfuerzos considerables. Los primeros en salir de la crisis siempre son los que nunca entraron. La multitud queda sobrecargada por un gran peso. Soportemos y compartamos su peso. No existe alternativa: o colaboramos a aliviar y sobrellevar las crisis o agravamos las penalidades de los más débiles. La amistad se traduce en generosidad y solidaridad ante el sufrimiento; por eso, sabemos que el verdadero amigo se descubre cuando nos ayuda a llevar la cruz.

ORACIÓN:

Señor Jesús, danos ojos para ver y manos para socorrer a los necesitados; que no caigamos en la tentación de pasar de largo ante las necesidades del prójimo.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

SEXTA ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Una mujer compasiva y valiente limpió el rostro de Jesús. Jesús le agradece el atrevimiento de limpiar el rostro de un condenado a muerte. Jesús le mostró su verdadero rostro, imagen y semejanza del Dios vivo.

REFLEXIÓN

Cuando ejercemos la misericordia con otras víctimas, ellas recuperan su dignidad humana y todos recuperamos nuestro ser imagen del Dios vivo que nos habita. Cuando usamos nuestras manos para limpiar la memoria de las víctimas, se limpia nuestro corazón y puede ver a Dios. La caridad cristiana es socorrer a los necesitados, es enjugar el rostro de los ancianos, enfermos y emigrantes. Para vivir la caridad puede bastar con una sonrisa, con una palabra consoladora o con un saludo cálido: pequeños gestos que llegan al corazón de quien los recibe.

ORACIÓN

Señor Jesús, enséñanos a reconocer tu rostro en las personas sufrientes. Danos valor, como a la Verónica, para que salgamos a su encuentro sin tener miedo a ensuciarnos las manos.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            Jesús huyó de la tentación de ser aclamación rey, y convertirse en poderoso para dominar a otros. Confió absolutamente en el amor de su Padre, y vino a servir a todos no a que todos le sirvieran. Siendo Señor, se hizo humilde esclavo que lava los pies a sus discípulos. Nos invita a no vivir adulando a ningún poder de este mundo tan injusto.

REFLEXIÓN

Los usos mayoritarios de los hombres y mujeres de nuestra época y entorno sociocultural están basados en la capacidad de consumir y disfrutar de las múltiples opciones atractivas. Todos padecemos su influjo. Tenemos como una venda en los ojos que distorsiona nuestra percepción de la cruda realidad. Uno de los pecados que oprime y no nos permite abrirnos a las difíciles situaciones de nuestros conciudadanos es el egoísmo.

ORACIÓN

Jesús cae por segunda vez para recordarnos nuestra fragilidad. Necesitamos experimentar el gran don de la fraternidad para comprender que el egoísmo es un círculo vicioso que nos encierra en nosotros mismos Señor Jesús, ayúdanos a entender que sólo tu amor nos ayuda a levantarnos de nuestras caídas.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            «No lloréis por mí» les decía Jesús a las mujeres, porque no era digno de lástima sino de imitación. Él iba a ser ejecutado por la causa del Reino de Dios, no por sus delitos. Jesús se involucró personalmente en su tiempo, luchó contra el pecado; pasó haciendo el bien libremente por las plazas y caminos de Palestina.  No aceptaron su mensaje liberador, ni sus iniciativas generadoras de una vida más fraterna.

REFLEXIÓN

Los condenados y ajusticiados inicuamente también hoy nos exhortan a no reprimir las lágrimas de dolor. El testimonio de su vida coherente pide que no echemos tierra encima de la memoria de la sangre derramada por tantos inocentes. 

ORACIÓN

Las mujeres intentaron darle consuelo. El consolado se convirtió en su consuelo, invitándoles a no resignarse ante lo inevitable y a luchar por sus hijos y por la humanidad. Señor Jesús, tú que cargaste con el pecado del mundo, danos ánimo para compartir tu obra salvadora.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

NOVENA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            Jesús se confesó testigo de la Verdad que le hace libre para confiar en Dios y libre para amar a los hermanos. Los pobres de todos los tiempos, piensan, hablan y actúan al estilo de los poderosos. Reproducen en sus vidas los mismos vicios que critican en los ricos. En esta sociedad consumista se dejan llevar por el disfrute de todo lo que la publicidad pone a su alcance.

REFLEXIÓN

Una actitud que nos hace caer en el pecado es la indiferencia, que deja el corazón insensible ante la realidad. Ocurre cuando no nos sentimos parte del pueblo o de la comunidad, y olvidamos el deber de prestar atención a los más necesitados. En la base de la indiferencia está la falta de respeto hacia el prójimo y la incapacidad de percibir el bien que Dios ha sembrado a nuestro alrededor.

ORACIÓN

Señor Jesús, ayúdanos a vencer nuestra indiferencia, para que sepamos mirar a los que se quedan al borde del camino y necesitan ayuda para volver a levantarse.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            Los largos ropajes de los maestros de Israel no fueron las prendas utilizadas por Jesús. Él sólo se revistió de su dignidad sagrada de Hijo de Dios e Hijo del Hombre. En su pasión lo despojaron de sus vestiduras y se los echaron a suertes, pero no pudieron arrebatarle su decencia. La dignidad de Cristo era su condición divina. Él se despojó de su rango, haciéndose uno de tantos, para compartir con todos nosotros su condición de Hijo de Dios.

REFLEXIÓN

Los grandes del mundo dan opción a comprar vestidos baratos para mantener el decoro de la persona. En la televisión vemos muchos harapientos. A falta de ropaje muchos mantienen su dignidad humana con dificultad. Otros se ven obligados a reciclar sus ropas por falta de espacio en sus casas para tantos trajes y vestidos. Revestirse del hombre nuevo, siguiendo a Cristo crucificado, es otra cosa, que no tiene que ver con la industria textil. 

ORACIÓN

Señor Jesús, enséñanos a reconocer tu rostro en las personas sufrientes. Danos valor para que salgamos a su encuentro sin tener miedo a ensuciarnos las manos.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            Clavado en la cruz, los ojos quedan fijos en Jesús. El motivo por el que Jesús fue crucificado es el mismo por el que debemos bajar de la cruz a todos sus hermanos, los desahuciados de la historia. La misión redentora de Cristo nos lleva a evitar el sufrimiento injusto de pueblos enteros abrumados por el hambre, la miseria, el paro, la violencia y toda forma de muerte prematura. Estamos llamados a desarrollar lo que falta a la pasión de Cristo, y a evitar todo sufrimiento evitable. 

REFLEXIÓN

El sufrimiento, las desilusiones, el dolor nos clavan cotidianamente en la cruz. Para poderlas ver bajo la nueva luz de Cristo, tenemos que asumir la pasión salvadora del Señor. Aceptando la voluntad de Dios, incluso en las situaciones de dolor, podemos convertirlas en momentos de redención para nosotros y para los demás.

ORACIÓN

Señor Jesús, haz que contemplando tu cruz acertemos a dar sentido a las pequeñas o grandes pruebas cotidianas, aceptándolas con paciencia y amor.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DUODÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            Jesús murió en la cruz para que tuviéramos vida abundante. Inclinando la cabeza hacia el mundo de los hombres nos entregó su Espíritu de Verdad y Amor. La sangre derramada por Cristo continúa salvándonos. Lo reconocemos en la eucaristía; la sangre derramada por innumerables hombres y mujeres inocentes que mueren en los calvarios de la historia nos interpela. Su cruz nos pone delante de la injusta cruz de Cristo. Hoy los amados y preferidos de Dios son las víctimas de la injusticia, como la de Jesús Nazareno. 

REFLEXIÓN

Jesús nos enseñó a perdonar siempre; el perdón predicado por Jesús es un mensaje difícil de comprender para nuestra mentalidad actual. Jesús perdonó a quienes le crucificaban. Siguiendo su ejemplo también nosotros debemos perdonar a todos para ser testigos auténticos de la misericordia de Dios. 

ORACIÓN

Señor Jesús, al contemplar el don total de tu vida por nosotros, que aprendamos a entregar nuestra vida y nuestro tiempo a los más necesitados.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DECIMOTERCERA ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU MADRE

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            La piedad cristiana contempla a la María con su Hijo muerto en su regazo, llena de dolor y angustia. Entonces la Madre Dolorosa, empezó a ser «vida, dulzura y esperanza nuestra». Esperó contra toda esperanza en el Dios vivo, capaz de dar vida a los muertos. Su dulzura de Madre nos anima a confiar en Dios Padre, a quien su Hijo había encomendado su espíritu.

REFLEXIÓN

Los dolores y angustias de las madres de los crucificados por las injusticias y violencias del mundo reproducen los sufrimientos de la Madre de Cristo, quien nos la entregó desde la cruz como madre nuestra. Podemos compartir su dolor y defender la vida de sus hijos para que no mueran.

ORACIÓN

El pesimismo no nos permite percibir los signos de la acción de Dios a nuestro alrededor. Para Dios nada hay imposible. Señor Jesús, haz que en el silencio de la prueba y de la tentación sepamos descubrir tu presencia confortadora que nos transmite esperanza y alegría de vivir.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DECIMOCUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            «Si el grano de trigo cae en tierra y muere da mucho fruto.» Jesús fue crucificado, muerto y sepultado. Debajo de la losa del sepulcro se acumula el silencio.  Callaron a Jesús. Los discípulos se quedaron sin palabra, muertos de miedo y con su esperanza aturdida y silenciada.

REFLEXIÓN

A muchos defensores de los pobres, cristianos o no, se les rinde honores en el momento de su sepultura, a veces, para disimular que no supieron evitar su muerte. «Nosotros por el bautismo fuimos sepultados con Él, para que, así como Cristo fue resucitado, así también nosotros andemos en una vida nueva.» 

ORACIÓN

Los cristianos esperamos la venida gloriosa de Jesús al final de la historia. Aprovechemos el tiempo que Dios nos da para prepararnos al encuentro con Jesús por medio de los sacramentos, y la escucha de la palabra de Dios. Señor Jesús, tú que eres el camino, la verdad y la vida, ilumina nuestros pasos para que nos preparemos dignamente al encuentro final contigo.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

VICTORIA, TU REINARÁS, OH CRUZ, TU NOS SALVARÁS.

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar