Siguiendo con el material para los Hermanos y Hermanas y personas visitantes de la página, para los viernes de Cuaresma proponemos el ejercicio del Vía Crucis. A todos los que no acudan al templo, os animamos a seguir, desde la TV y otros medios digitales, todas las celebraciones y oraciones que se ofrecen.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

             “Pilatos les preguntó: «¿y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» Contestaron todos: «¡sea crucificado!» Pilatos insistió :«pues ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban más fuerte: «¡sea crucificado!» Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.” (Mt 27, 22-23.26)

REFLEXIÓN:

            Pilatos entrega a Jesús sabiendo que no era culpable y que no había hecho nada que mereciese tal horrible castigo. Pilatos ante todo procura preservar su estatus, su modo de vivir y sus privilegios. Hoy nosotros también nos lavamos las manos ante tantos millones de personas que sufren por la falta de alimentos y que finalmente mueren de hambre. ¡Ni tan siquiera somos capaces de colaborar asiduamente con una aportación mensual! Malgastamos miles de euros en cosas superfluas y miramos para otro lado ante el hambriento.

ORACIÓN

            Tú que fuiste víctima de la indiferencia de Pilatos, que sabes lo que es sentirse despreciado y abandonado por tu pueblo, no permitas que nosotros hagamos lo mismo con los que simplemente quieren comer. Que seamos capaces de compartir para que otros puedan vivir.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

SEGUNDA ESTACIÓN: JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

             “Se hicieron, pues, cargo de Jesús quién, llevando a hombros su propia cruz, salió de la ciudad hacia un lugar llamado “La Calavera” (que en la lengua de los judíos se dice “Gólgota”).” (Jn 19, 17)

REFLEXIÓN:

Jesús cargó con la Cruz. ¿Y qué ocurre con nuestra Cruz? Sólo Dios conoce tus más íntimos deseos, temores y problemas. El Señor es el único que comprende completamente los dolores y miedos que cargas cada día. Incluso Dios cargó una Cruz y en su Cruz se incluyen todas las tuyas. Acércate ahora a Cristo con tus problemas. Invítalo a tus dificultades. Rézale. No estás solo en este caminar.

ORACIÓN:

Jesús quiso morir atando nuestro peso en sus espaldas. Hoy quiero decirte Señor que te doy las gracias y que recuerdo el peso de mi Cruz en tus hombros. Gracias por tomarte tan en serio mi pecado y querer verme liberada.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

TERCERA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

             “Jesús cae bajo el peso de la cruz. Sucederá tres veces durante el camino. Cae por agotamiento. Tiene el cuerpo ensangrentado por la flagelación. La cabeza coronada de espinas. Le faltan las fuerzas. Cae, pues, y la cruz lo aplasta con su peso contra la tierra.”

REFLEXIÓN:

Jesús ha querido vivir en su camino al Calvario, la fragilidad y la debilidad humana. Esta primera caída de Jesús nos recuerda las caídas de tantas personas, en la droga, el alcohol, en el vicio, en la violencia, en toda forma que impide que sean felices. No dejes nunca que las caídas se conviertan en heridas incurables. Señor, ayúdanos a soportar las cruces y las caídas en la vida, pues Tú, Señor, has vencido y ayudas a todos los caídos a levantarse y a volver al Hogar de tu Corazón.

ORACIÓN:

Buscar la reconciliación y la paz supone siempre una lucha en el interior de uno mismo. Antes de desanimarnos, invocaremos al Espíritu Santo y recordaremos que la fuente de la paz y la comunión están en Dios. Cuando la Iglesia está atenta a amar y comprender el misterio de todo ser humano, cuando escucha incansablemente, consuela y cura, llega a ser aquello que es en lo más luminoso de sí misma, limpio reflejo de una comunión.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

CUARTA ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

             “Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción – y a ti misma una espada te traspasará el alma – para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones. Su madre conservaba todo esto en su corazón.” ( Lc 2, 34-35.51)

REFLEXIÓN:

El sufrimiento de María, al ver a su hijo camino del Calvario, resulta difícil de imaginar. Fruto de la pandemia hemos asistido a escenas en las que especialmente madres, padres, abuelas y abuelos, han tenido que encontrar la muerte en soledad, sin que ninguno de sus seres queridos pudiera tan siquiera cogerles la mano. Nos dieron todo de sí, su tiempo, su cariño, sus esfuerzos… y se han tenido que ir solos.

ORACIÓN:

Señor, resulta duro de aceptar que alguien tan querido por mí haya tenido que irse en soledad, sin que podamos despedirle con un último abrazo. Nunca pensé que esto pudiera ocurrir y te pido que esto no le ocurra a nadie más, aquí en nuestro país o en aquellos en que esto es frecuente.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

QUINTA ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

             “Cuando le llevaban, tomaron a un cierto Simón de Cirene que venía del campo y le pusieron la cruz encima para que la llevara detrás de Jesús.” (Lc 23, 26)

REFLEXIÓN:

Nadie quería ayudar a Jesús, no hubo espontáneos. El Cirineo es obligado por los soldados a llevar la cruz de un condenado a muerte. Ser Cirineo, es no evitar la cruz del hermano, es entender el evangelio del sufrimiento, es ser solidario del hombre humillado. Dios es fiel, por ello, necesitamos cirineos que nos ayuden a llevar la cruz, personas que estén a nuestro lado, que compartan nuestras dudas y fracasos y sobre todo que nos ayuden a llevar con paciencia la cruz de la vida. Los jóvenes necesitamos hoy más que nunca ser acompañados por catequistas, animadores de pastoral juvenil, familia, cirineos que estando a nuestro lado nos ayuden a cargar con la pesada cruz de cada día.

ORACIÓN:

Señor, ayúdanos a nosotros los jóvenes, a ser cirineos de los demás, de nuestra familia, de nuestros compañeros y amigos, y de los que necesitan ayuda. Danos fuerza para ser cirineos de las cruces de los que más sufren.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

SEXTA ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            No tenía figura ni belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado. (Is 53, 2-3)

REFLEXIÓN

Una mujer se acerca a Jesús y le ofrece simplemente un paño que refresca su rostro; ni la brutalidad de los soldados, ni la hostilidad de la gente se lo impide. Ella busca hacer más llevadero el final de aquel que nada hizo para merecer ese sufrimiento. Hoy agradecemos y tenemos presentes a muchas personas que han ofrecido ese paño a tantos y tantos sufrientes de nuestro tiempo: a los que se encuentran solos, a los desempleados, a los que no disponen de un techo en el que cobijarse, a los tragados por las aguas de nuestros mares, a los excluidos de nuestro tiempo, a los discriminados, a los que no son nada… porque no tienen nada.

ORACIÓN

Señor no permitas que escondamos a los desempleados, ni a los sin techo, ni a los migrantes, ni a los excluidos y discriminados.

Que salgan a nuestro encuentro, que se pongan en nuestro camino, que tropecemos una y mil veces con ellos. Que sean el mayor y mejor recuerdo de que tú fuiste… uno de ellos.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

             “Al verme se burlan de mí, hacen muecas, menean la cabeza. Pero tú, Señor, no te quedes lejos, que el peligro está cerca y nadie me socorre.” (Sal 22, 8.12)

REFLEXIÓN

Por segunda vez, Jesús cae bajo la cruz cargado con nuestros pecados, y por segunda vez intenta alzarse con todas las fuerzas que le quedan, para proseguir el camino hacia el Gólgota, evitando dejarse aplastar y sucumbir a la tentación. Desde su encarnación, Jesús lleva la cruz del sufrimiento humano y del pecado. Ha asumido la naturaleza humana de forma plena y para siempre, mostrando a los hombres que la victoria es posible y que el camino de la filiación divina está abierto. Muchas veces nosotros también nos burlamos y hacemos muecas en relación al que tenemos al lado.

ORACIÓN

Jesús, que caíste por el peso de nuestros pecados y te levantas por nuestra justificación, te pedimos por todos aquellos que están caídos por su pecado, envía tu Santo Espíritu para que les dé la fuerza necesaria para levantarse y seguir con su camino. Ayúdanos a no ser esos soldados que se reían de Jesús y aprendamos a no burlarnos y reírnos de quienes sufren.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

             “Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. (Lc 23:27-28)

REFLEXIÓN

Entre el gentío, insultos, y gritos, Jesús escucha algo que es más fuerte que su propio dolor. Ve a unas mujeres que lloran desconsoladamente. Jesús tiende su mano para aliviar su sufrimiento. Hoy también, en medio del bullicio de la vida, Jesús escucha el llanto desconsolado de esas mujeres maltratadas, explotadas, vendidas, abandonadas y ninguneadas en su dignidad, ahí, en su dolor les tiende la mano para consolarlas y devolverles la dignidad que les ha sido negada.

ORACIÓN

Señor, enséñanos a escuchar el clamor de tu pueblo, a tener ojos dispuestos a ver a cada persona como Tú la ves. Señor, concédenos un pedacito de tu corazón para poder acoger y consolar al que sufre. Y tus manos para ayudarles a superar su situación.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

NOVENA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“… me estoy hundiendo en una ciénaga profunda y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua, me arrastra la corriente”. (Sal 69,3)

REFLEXIÓN

Todos desearíamos renunciar o rendirnos en algún momento difícil de nuestra vida. Quizás estás cansado, o sin ganas de intentarlo y sin esperanza. Te parece que no puedes caer más abajo. El caer es de humanos, el levantarse es divino. Dios nos permite seguir adelante. Cuando te han golpeado, mira a Cristo. Deja que su Espíritu te llene por dentro y te dé fuerza para levantarte y caminar. Cuando ya no puedes más, te das cuenta de que no eres tú, sino Cristo mismo quien se mueve dentro de ti.

ORACIÓN

Señor, te presentamos a las personas que viven con poca o ninguna esperanza, sin ilusión, que sobreviven día tras día en su tristeza y solo ven un horizonte oscuro. Señor, te pedimos por todos aquellos que se han rendido, envíales tu aliento, que renueve sus ganas de vivir; dales fuerza para levantarse y seguir viviendo, contigo, con profunda alegría.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota «La Calavera», le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. (Mt 27, 33-36)

REFLEXIÓN

Jesús fue despojado de lo único que le quedaba, de sus vestiduras, y luego fueron sorteadas; le quitaron la ropa, pero no pudieron quitarle la confianza en Dios Padre y su dignidad, mantenidas en medio de sufrimientos. ¡Cuántos hombres y mujeres son privados hoy de todo! ¡Cuánta dignidad pisoteada! Nunca la abundancia económica había generado tanta pobreza, sufrimiento y dolor. Esta economía inhumana, mata.

ORACIÓN

Danos Padre la capacidad de organizar nuestra sociedad con tus criterios de justicia. Que los hombres y mujeres de nuestro tiempo sean fieles a tu voluntad. Que el dinero, que debiera servirnos, no se convierta en cruel verdugo.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            La Cruz de Jesús, es la Palabra con la que Dios ha respondido al mal del Mundo. (Papa Francisco)

REFLEXIÓN

El tiempo ha llegado. Los gritos de dolor resuenan mientras el martillo golpea los clavos. Los soldados romanos eran expertos en la tortura y la ejecución eficiente. Los clavos perforan el cuerpo sagrado que ganó nuestra salvación. La Cruz es levantada a la vista de todos, su cuerpo tensionado cuelga. Cristo habla palabras de amor, compasión y perdón y vemos que no es un criminal, pero tampoco un maestro o profeta cualquiera. Él es Dios y está muriendo en la Cruz por ti.

ORACIÓN

Señor, desde la Cruz, nos mandabas un mensaje. Nos recuerdas que no hay dolor que tú no sufras, ni entiendas. Hemos visto lo que fuiste capaz de hacer para salvarnos. Preferiste morir a vivir una eternidad sin que nos llegara tu profundo amor. El sonido del martillo en los clavos es el sonido del amor de Dios que no se cansa de amar, aunque haya de morir.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DUODÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15,34)

REFLEXIÓN

El cielo se oscurece. Cae la lluvia. La tierra tiembla. La creación reacciona a la muerte del Creador. El mal ríe mientras El Transfigurado cuelga sin vida y sin forma. Los ángeles guardan silencio. No hay más palabras. El Justo ha sufrido la mayor injusticia. Todo está consumado. Solo María, tu madre, y otras pocas discípulas, permanecieron allí, testigos de tu sufrimiento y de tu muerte.

ORACIÓN

Te pedimos, Señor, que nos ayudes a estar cerca de los nuevos crucificados y desesperados de nuestro tiempo. Enséñanos a enjugar sus lágrimas, a confortarlos, como supieron hacerlo María y las otras mujeres al pie de tu cruz. Te pedimos que puedan cesar ya las muertes de inocentes: los abortos, los inocentes de las guerras, campos de refugiados, del hambre, de las enfermedades, los desastres naturales…

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DECIMOTERCERA ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU MADRE

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “Al anochecer, José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana.” Mc (15,42-43.46a)

REFLEXIÓN

Con qué brutalidad te clavaron en la cruz. Con delicadeza te bajaron, lentamente, como para no herirte más; pues eras frágil, débil, vulnerable; Y te dejaron en los brazos de María, dormido en su regazo materno. Ella te veía, y conservaba todas esas cosas en su corazón. ¡Ah! Y te preguntó: “¿Por qué?” “No sabías que tenía que estar en las cosas de mi Padre”. Y éstas eran las cosas del Padre: morir de amor.

ORACIÓN

Señor, enséñanos a tratar a los cansados y agobiados de la vida. Eso es, Señor, lentamente, delicadamente, con cuidado, sabiendo lo frágiles que somos. Jesús, Tú nos bajas de nuestras cruces y nos guardas como una madre al niño que ama con ternura infinita.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DECIMOCUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “Llegó Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos.“ (Jn 19, 39-40)

REFLEXIÓN

Eres colocado en tu sepulcro. Echan a rodar la gran piedra en la entrada y allí quedas Tú, en tu tumba. Pero en tres días vas a resucitar. Y vas a dar un nuevo sentido a la vida, y a enseñar un nuevo modo de vivirla. Resucitarás de entre los muertos y así la muerte habrá perdido su poder fatal sobre la humanidad. porque Tú has demostrado que eres el Hijo de Dios.

ORACIÓN

Oh Dios, a pesar de los sufrimientos de tu Hijo, todo acabó bien. Tú nos prometes la victoria final, y por eso estamos contigo. Ayúdanos a seguir siempre el camino de Jesús: aceptando lo que no podemos cambiar, cambiando lo que podemos por el bien de todos, cumpliendo lealmente tu voluntad.

-Señor, pequé. -R/ Ten piedad y misericordia de mí.

 

DECIMOQUINTA ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA

-Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos. -R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

            “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc 24,5-6).

REFLEXIÓN

Unas piadosas mujeres fueron al sepulcro de Jesús muy temprano. El anuncio de la resurrección convierte su tristeza en alegría. Jesús está vivo y nosotros vivimos en Él para siempre. La resurrección de Cristo inaugura para la humanidad una renovada primavera de Esperanza. La tumba está vacía y el Dios-Hombre se ha alzado de la muerte y camina de nuevo en esta tierra.

ORACIÓN

Señor, los sufrimientos de la vida han sido engullidos en la gloria de tu resurrección; y el mundo entero se llena de alegre esperanza. Ayúdanos a seguirte con ánimo.

 

VICTORIA, TU REINARÁS, OH CRUZ, TU NOS SALVARÁS.

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