Hoy comienza la novena (17 al 25)  de preparación para celebrar la festividad del patrono de la Santa Escuela de Cristo. Hace mucho tiempo que ya no se reza la novena como tal, pero debido a las circunstancias que estamos viviendo, este año puede ser un buen momento para tener un tiempo de oración y pedir la mediación de San Felipe. Que él interceda por todos nosotros y nosotras, por nuestras familias, por los difuntos y enfermos de esta pandemia. Por la erradicación de la misma.

 

NOVENA A SAN FELIPE NERI

 

Por la señal… Señor mío Jesucristo…

 

ORACIÓN INCIAL PARA TODOS LOS DIAS

El Espíritu, descendiendo del cielo y penetrando en lo más profundo de su corazón mientras oraba, le ensanchó el tamaño del corazón, para que aquel Huésped inconmensurable tuviera un lugar espacioso. ¡Gloria para siempre a la Trinidad divina, reconocida por el cielo, el abismo y la tierra! Concédenos por la súplica de Felipe Neri las alegrías perpetuas de la dulce Patria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Pídase la gracia que se desea obtener.

 

Rezar la oración del día correspondiente:

 

DÍA PRIMERO

“El alma que se ha entregado a Dios es toda de Dios”. “El amor que se da a los padres y a la sangre, a los estudios o a uno mismo, se le quita a Dios”. “La cantidad de amor que se pone en las criaturas, se le quita a Dios”. “Para alcanzar el amor de Dios no existe camino más corto y seguro que desprenderse del amor de las cosas del mundo, – aún de las pequeñas y de poca importancia -, y del amor a sí mismo, prefiriendo que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios y trabajar en su servicio más que nuestra satisfacción y deseo”. “Quien quiere algo distinto a Cristo no sabe lo que quiere. Quien pide otra cosa que Cristo no sabe lo que pide. Quien obra, pero no por Cristo, no sabe lo que hace”. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DÍA SEGUNDO

“Quien no sube a menudo al Cielo en vida con el pensamiento, peligra mucho de no ir a él después de su muerte”. “Echaos en los brazos de Dios y preguntadle si quiere algo de vosotros; Él os hará aptos para todo aquello en que os quiera emplear. Si Dios da la carga también da las fuerzas”. Decía Felipe que era necesario tener gran confianza en Dios y no perturbarse por las contrariedades que nos viniesen, añadiendo que Dios acostumbra, cuando quiere conceder alguna virtud, permitir que el hombre se vea tentado en el vicio contrario; por eso daba como remedio que, cuando viniese alguna tentación, se acordase la persona del gusto sentido otras veces en la oración, y así, fácilmente, vencería las tentaciones. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DÍA TERCERO

San Felipe decía que uno siempre debe desconfiar y jamás fiarse de sí mismo: “Obra mal, el que se fía de sí mismo así como el que se pone en ocasión de pecar, pensando: “no caeré, no lo permitiré”; en ese caso hay señal manifiesta de que caerá seguro con grave daño a su alma”. “No hay cosa que desagrade tanto a Dios como el engreírse por la propia estima. Dios permite nuestras grandes caídas para limpiarnos de la soberbia”. Decía san Felipe que para alcanzar la santa humildad era necesario: “despreciar el mundo, no despreciar a nadie, despreciarse a sí mismo y no hacer caso de verse despreciado”. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DÍA CUARTO

El santo repetía muchas veces que: “el hombre que no hace oración es como un animal irracional”. “No hay cosa mejor para el hombre que la oración y sin ella no es posible sostenerse por mucho tiempo en la vida espiritual. Por eso, el hombre debe recurrir diariamente a este poderosísimo medio de salvación”. “El enemigo de nuestra salvación, de ninguna cosa se enoja tanto ni procura impedir con mayor empeño que la oración”. “No debe una persona, por ideas que se le presenten en la oración, ni por ninguna tentación, dejar de hacerla, antes al contrario, debe aguantar con paciencia, pues el Señor concede en un instante lo que no se ha podido alcanzar en muchos años”. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DÍA QUINTO

No se debe reservar para sí mismo tiempo ni lugar cuando se trata de ayudar al prójimo. Dejar incluso la oración por la obediencia o por el prójimo no es dejar la oración sino cambiar a Cristo por Cristo. En una comunidad donde se permanece hasta la muerte, sin cambios a destinos nuevos, donde se multiplican, – más incluso que en las familias naturales, – las ocasiones para la comprensión, el perdón, la ayuda mutua, la discreción, la comunión para las obras comunes de apostolado, el gozo y el dolor compartido que nacen de la caridad y, sobre todo, donde se atiende antes al bien interno que al externo y no se va a las obras exteriores, bajo pretexto de celo, huyendo de las obras internas y domésticas, en una comunidad así encontrarás un paraíso en su interior. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DÍA SEXTO

“La obediencia es buena siempre que se obedece sin discurrir y se está seguro de que, aquello que se le manda, es lo mejor que puede hacer”. “La obediencia es un camino breve para llegar rápidamente a la santidad”. “No hay cosa más peligrosa para el alma que querer gobernarse uno a sí mismo”. “La obediencia es el verdadero holocausto que se sacrifica a Dios en el altar de nuestro corazón”. “A menudo, el demonio nos mueve con gusto a hacer penitencias u obras de caridad sin permiso del confesor, pero ocurre que si, enterado el confesor, nos da permiso para ellas, las ganas desaparecen y se nos hacen durísimas y repugnantes”. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DÍA SÉPTIMO

Era máxima de San Felipe que la frecuente confesión de los pecados hace un gran bien a nuestras almas, porque la purifica, la robustece y reanima en el servicio de Dios. Antes de elegir un confesor piénsese mucho en ello y récese mucho; pero una vez elegido no se debe cambiar, sino obedecerle y tratar con él todo lo que ocurra. El Señor no permitirá que el confesor yerre en aquello que pueda afectar a la salvación del penitente. Los penitentes no deben jamás violentar al confesor para que apruebe algo contrario al parecer de éste, sino fiarse totalmente de él. Incluso cuando es imposible consultarle, el penitente debe adivinar lo que el confesor le diría en cada caso y hacerlo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DÍA OCTAVO

“Luego, someteos a la voluntad de Dios y suplicadle que no permita que hagáis nada que sea contrario a su mayor gloria”. “No busquéis más que esta gloria de Dios y tened confianza: El que ha hecho que comencéis la obra hará que la acabéis”. Para estar seguros, dirigiros al Señor, suplicad el particular auxilio de la Virgen María y de los santos a los que tengáis más devoción”. Solía Felipe repetir que el amor de la Virgen hacia Dios era tan grande que, por el deseo que tenía de unirse a su Amado padecía grandemente, por lo que Dios, para consolarla, envió a su divino Hijo”. Muchas veces repetía: “Sabed, hijos, y creedme, pues lo sé, que no hay medio más eficaz para alcanzar las gracias de Dios como la Santísima Virgen”. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DÍA NOVENO

Enseñaba el santo: “no acostumbra Dios a enviar la muerte al hombre que le sirve, sin avisarle por medio de alguna señal”. Como Felipe tuvo la gracia de ver subir almas al cielo tras la muerte afirmaba: “No se puede declarar la belleza de un alma que muere en gracia del Señor”. Según esto, cada uno debería vivir tan santamente como si cada día fuera a ser el último de la vida. “La muerte da terror a los que se hallan en estado de pecado, pero los que no lo están, como san Pablo, desean morir para estar por Cristo”. “Lo más perfecto es vivir mucho, pero como si ya estuviéramos muertos para las cosas del mundo y para uno mismo, sufriendo amorosamente por Cristo lo que Él desee”. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Padre Nuestro, Ave María y Gloria precedido de la jaculatoria:

 

  1. Lleno del Espíritu Santo, Felipe dispuso su corazón al camino de perfección. * Y amaba al Señor con todas sus fuerzas. Aleluya.
  2. El Espíritu del Señor le dio la sabiduría y abundante prudencia, y le dilató el corazón. * Y amaba al Señor. Aleluya.

 

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego con el que abrasó el corazón de San Felipe Neri. Te lo pedimos por medio de Jesucristo, nuestro Maestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén

 

A Ntra. MADRE DOLOROSA, co-patrona de la Escuela

Dios te salve, Reina y Madre, de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra…

(Adaptación). Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Getafe.

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