Patrona de la Santa Escuela de Cristo. Orduña.

 

            Hoy, en la fiesta que este año celebramos desde nuestras casas, tras la Misa que podemos seguir por la TV, proponemos acompañar a María con el rezo del Vía Matris. Como con el Vía Crucis, hay varias fórmulas de esta práctica piadosa. La que presentamos a continuación es una fórmula peculiar y bonita, del camino que recorrió María de regreso, desde el Santo Sepulcro hasta su hogar. Es un camino en el que recuerda y revive el Vía Crucis, el Camino de la Cruz. Por lo tanto, lo rezamos acompañando a la Madre Dolorosa de vuelta a su casa.

 

REZO DEL VÍA MATRIS

 

Por la señal… Señor mío Jesucristo…

 

ORACIÓN INCIAL

Madre de los Dolores, déjanos seguir contigo desde el sepulcro al cenáculo el camino doloroso de tu soledad y llanto. Desahoga, Madre nuestra, tu corazón angustiado, rosa de siete puñales por nuestros siete pecados. Repite el diálogo interno con tu hijo bien amado, muerto a los ojos del mundo y, para ti, descansando. De tu voz aprenderemos la fe, la esperanza, el cántico triunfal de amor renacido tras las tinieblas del sábado. Te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo Nuestro Señor. Amen.

 

XIV ESTACIÓN: JESÚS FUE COLOCADO EN EL SEPULCRO

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

Detrás de la losa, queda tu corazón destrozado semilla de amor eterno, dormido y siempre velando. Cómo me duele dejarte. Te quisiera en mi regazo y estar contigo en tu sueño, que mi ansiedad lo hace largo. Se que pronto te veré glorioso resucitado, y mi fe es el arco iris en la lluvia de mi llanto. Para aquellos, Hijo Mío, que en el dolor embarcaron, tu sepulcro sea la estrella que los lleve a puerto salvos. Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

XIII ESTACIÓN: JESÚS FUE DESCENDIDO DE LA CRUZ

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

Aquí estuviste, Hijo mío, como la flor de su tallo. Flor deshojada, sangrienta en el dolor de mis brazos. Aquí cubrieron de mirra -¡ay, recuerdo de los Magos!-, la púrpura de tus llagas, llagas que en mí se han quedado. Fina sábana de nieve veló tu cuerpo adorado, y tu faz, mi sol, mi espejo se ocultó tras un sudario. Benditos los que adivinan, tras la llaga del hermano, tu divino rostro vivo que espera amor y cuidado. Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

XII ESTACIÓN: JESÚS MURIÓ EN LA CRUZ

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

Aquí, la Cruz… Aquí el grito: – “¡Todo está consumado…!” la tiniebla, el terremoto y la lanza perforando tu corazón y mi pecho con el mismo hierro insano. Aquí me entregaste al hombre – verdugo por el pecado -, como hijo pequeñito nacido de sangre y llanto, Hijo tan distinto a ti, pero, en mi carne, tu hermano. Que las penas de su cruz – ¡hay tantos hombres ingratos!- no olviden que soy su Madre y que mucho me costaron. Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

XI ESTACIÓN: MI RECUERDO DE LOS CLAVOS

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

Sobre la roca tendieron la cruz para desclavarlo. Yo les rogaba: -¡Por Dios, no le lastimen las manos! … Y estaban duras y frías, ellas que hicieron milagros y, tantas veces, filiales, con amor me acariciaron. Manos de mi Dios, heridas y, como sus pies, de mármol. Manos y pies de mi Niño, por obediencia entregados. Que si dejaron la cruz es por ir apresurados a quitarte, pecador, de tus miserias los clavos. Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

X ESTACIÓN: CUANDO DESPOJARON A JESÚS DE SUS VESTIDURAS

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

A los dados, la militar compañía se jugó la blanca túnica por mis desvelos tejida. Del lino de mis amores virginales parecía, pero quedó con su sangre lumbre de azotes, teñida. Lo vi desnudo, inocente, mientras la turba reía. Total entrega de Dios por su criatura caída. ¡Ay, si el pecado del mundo despojado, en carne viva, penitente se cubriera con la vergüenza divina…! Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

IX ESTACIÓN: CUANDO VI CAER A JESÚS POR TERCERA VEZ

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

Dejadme besar la tierra, porque, al llegar al Calvario, también besó mi Niño tercera vez derribado. ¡Era tan dura la carga y tan cruel el populacho! Era llevar en los hombros lo más terrible: el pecado. Y cayó, cayó de bruces… Yo vi sus divinos labios, en un beso doloroso, de polvo y sangre manchados. Polvo del hombre, miseria y sangre de Dios, juntando en ósculo de perdón el cielo y el mundo ingrato. Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

VIII ESTACIÓN: CUANDO JESÚS CONSOLÓ A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

Y se fueron las mujeres que por mi Jesús lloraron. Las calles huelen a miedo bajo el cielo encapotado. Si en el leño verde el fuego del furor rompió en estragos, ¿qué será en el leño seco por la plaga del pecado? ¿Mujeres que lloren? ¡No! Faltan en el mundo llantos viriles que reconozcan las voces que claudicaron. ¡Hombres del mundo, llorad mientras dura el Viernes Santo, porque sintáis el consuelo de Cristo resucitado! Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

VII ESTACIÓN: DONDE JESÚS CAYÓ POR SEGUNDA VEZ

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

El crepúsculo se apaga y, en la callejuela angosta, como en conciencia culpable, se han dado cita las sombras. Aquí tropezó Jesús – ¡las almas son tan tortuosas! – y, segunda vez, la tierra probó el sabor de las rosas. Que el Amor es insistente cuando en verdad se enamora y dos veces, traicionado una y otra vez perdona. Por alzar a los caídos, Jesús probó la derrota y a mí me nombró refugio de los que, caídos, lloran. Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

VI ESTACIÓN: CUANDO UNA MUJER PIADOSA ENJUGÓ EL ROSTRO DE JESÚS

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

En esta tarde de llanto, en mi soledad más sola, es una luz de esperanza recordar a la Verónica. El rostro que fue mi espejo, mi sol, se ocultaba en sombras de sangre, sudor, salivas, polvo y divina congoja. Una mujer, como yo, valiente rompió la tropa y enjugó la faz amada con la nieve de su toca. Pintado en sangre quedó el rostro que me enamora y, pintado en mis pupilas, el llanto no me lo borra. Hacia cualquiera que miro, la semejanza me asombra: todos los rostros del mundo se le parecen ahora. Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

V ESTACIÓN: MI GRATITUD AL CIRINEO

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

A Simón el Cirineo detuvieron los soldados. Sudor y polvo traía como ofrenda de los campos. Mi Jesús era gavilla redentora de cansancio, y del peso de su cruz tuvo a bien participarnos. Simón recibió el madero, primeramente con asco. Poquito a poco, el camino le floreció de entusiasmo. Porque ir junto a mi Hijo en el sufrimiento humano, es hallar al fin la gloria, es a Él y a mí encontrarnos. Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

IV ESTACIÓN: CUANDO ME ENCONTRÉ CON ÉL

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

Era difícil seguir de cerca a Jesús atado. Unidos al dolor, lejos en el cuerpo estábamos. Pero mi amor maternal se atrevió entre el populacho y pude mirar…, mirarme en los ojos de mi amado. Vivo aún de esa mirada, que retuvo el viril llanto por no doblar la agonía deshojada en mi regazo. Mirada firme de amor, que sellara el holocausto de nuestros dos corazones por ti, que estás rezando. Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

III ESTACIÓN: CUANDO MI JESÚS CAYÓ POR PRIMERA VEZ

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

¡Mirad si queda en el suelo alguna gota de sangre! La recogerá la copa de mis besos maternales. Porque, al salir del Pretorio alguien se atrevió a empujarle y cayó, Varón de burlas, absolviendo a los culpables. ¡Mirad si quedó en el suelo alguna gota de sangre! ¡Estaba tan malherido…! ¡El madero era tan grande…! ¡Que nadie ponga tropiezos a quien su miseria cargue por este mundo de cruces dolorosas y ambulantes! Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

II ESTACIÓN: CUANDO JESÚS RECIBIÓ LA CRUZ

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

Sobre sus hombros pusieron el leño de la victoria. Él, carpintero, sabía de maderas olorosas. Y la levantó triunfante, como levanta a su esposa el amante enamorado en la noche de sus bodas. ¿Aborrecerla o amarla? En esta vía dolorosa, la cruz se clavó por siempre en mi corazón, muy honda. Cruz de Jesús y del hombre, divina cruz redentora, ligero yugo amoroso, ¡puente que lleva a la Gloria! Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

I ESTACIÓN: CUANDO CONDENARON A MUERTE A JESÚS

– Madre llena de dolores, acuérdate que en la Cruz te nombró Jesús Madre de todos nosotros.

Anda suelto en la ciudad un silencioso homicida. Mi hijo pagó el rescate con su corona de espinas y, por que nada faltara, ofreció vida por vida. Pilato quiso lavar con agua su cobardía y su nombre, para siempre, se quedará como estigma de quien, por temor al mundo, al mismo Dios crucifica. Ahora, frente al Pretorio, la plaza duerme vacía. Un agrio remordimiento en las conciencias vigila. – ¿Resucitará? …Preguntan. Sólo yo sufro tranquila. Sólo yo… Mis compañeras, las dulces, fieles Marías, quieren llevar al sepulcro, el domingo, aceite y mirra. Yo seré, en el mundo a oscuras, la sola luz encendida. Dios te salve, María…

– Madre Dolorosa. –R/ Ruega por nosotros.

 

ORACIÓN FINAL

Déjanos seguir contigo por el Vía Crucis, Madre, de nuestra vida doliente, sin tu amor se nos hace más angustiosa. Podemos ser los Pilatos; los Cirineos, las Verónicas, los ladrones, los soldados, los fariseos, las llorosas, mujeres, el populacho voluble como las olas; podremos ser Judas, Pedro… Tú sabes bien nuestra historia. Mas, eres dulce refugio, Madre de Misericordia. Déjanos seguir contigo fieles hoy y hasta la hora sorpresiva de la muerte. ¡Amén Madre Dolorosa! ¡Amén por esa alegría que ya te anuncia la aurora! Lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, Salvador del mundo, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

(Adaptación) http://www.lospenitentes.org

 

Dios te salve, Reina y Madre, de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra…

 

 

CANTO DE STABAT MATER

 

Estabas, Madre Dolorosa,

al pie de la Cruz llorosa

donde pende el Redentor.

 

Cuyo espíritu paciente

traspasaba vivamente

una espada de dolor.

 

Estabas, Madre Dolorosa,

al pie de la Cruz llorosa

donde pende el Redentor.

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