Hoy 26 de mayo, la Iglesia Universal celebra la fiesta de San Felipe Neri, Patrono de la Santa Escuela de Cristo y fundador del Oratorio. Como cada año la Santa Escuela de Cristo de la Ciudad de Orduña lo celebra al domingo siguiente con la Misa de Comunión, Ejercicio Semanal y Veneración de su reliquia

 

MEDITACIÓN.

FESTIVIDAD DE SAN FELIPE NERI EN EL AÑO DE SAN JOSE

 

La rica espiritualidad de la obra y testimonio vital de San Felipe Neri reúne distintos ingredientes que conforman el ideario espiritual de todos lo que le tenemos como patrono y modelo de vida. Algunos de esos componentes identitarios detectados, aparecen también en el espíritu vital de San José, esposo de María. Así lo recoge el Papa Francisco en su Carta Apostólica Patris Corde con motivo del 150° aniversario de la declaración de San José como patrono de la Iglesia Universal. Ambos comparten pues unas características que brevemente señalamos.

 

Dice el Papa que, «Todos pueden encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación». Esa misma libertad de espíritu, la considera San Felipe como una «prerrogativa de la persona madura y responsable, excluye la sumisión servil, incapaz de una elección autónoma. Se desarrolla en una conciencia recta y decidida, como la que se forma en la confrontación cotidiana con la Palabra de Dios».

 

San José al seguir los designios del Señor transmitidos por el ángel, «con la obediencia superó su drama y salvó a María». La obediencia es la única ley impuesta por Dios para el orden universal de las cosas, para su conservación. El cosmos obedece el orden divino. Escribía San Felipe que, «el hombre, para dar mayor gloria a Dios, está llamado a hacerlo con plena libertad».

 

Otra característica coincidente de ambos santos es la humildad. Para Neri, «la humildad no es infantilismo o fuga de la responsabilidad, es disponibilidad para aprender a aceptarse y tener confianza en Dios. La humildad ayuda al desapego pleno de sí mismo, de los honores y de los bienes terrenos, preserva de la contaminación del mundo e impele a la laboriosidad apostólica». Y sobre la humildad de San José, subraya el Papa que «sabemos que fue un humilde carpintero, desposado con María; un “hombre justo”, siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley».

 

Resalta el Papa la importancia de la castidad en las decisiones de la Vida de San José:

«…la tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de “castísimo”. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor». En esa idea abundan los textos de San Felipe: «La castidad es la anticipación del Reino que anhela la totalidad del amor y la disponibilidad para una amistad serena y positiva, riqueza espiritual que remedia todas las posibles desviaciones de egoísmo o de inmadurez».

 

El trabajo es la primera manera de vivir la pobreza en el Oratorio. Nuestro Santo Patrono decía que «también el trabajo se vuelve un medio de santificación cuando es entendido como vía para realizar la voluntad de Dios, de quien todo proviene. El trabajo es plegaria, cuando se le hace por amor a Dios; cualquier trabajo, aún el más humilde». Los trabajos más humildes eran los predilectos de San Felipe. Seguro que lo mismo le ocurría a San José. «En nuestra época actual (…) es necesario, con una conciencia renovada, comprender el significado del trabajo que da dignidad y del que nuestro santo [San José] es un patrono ejemplar».

 

Jesús nos advierte: “Cualquiera que no renuncie a cuanto posee, no puede ser mi discípulo”. El desprendimiento de las cosas de este mundo y la pobreza son como los compañeros de viaje de las otras virtudes para San Felipe. Siempre demostró tener una gran libertad y desinterés por las cosas terrenas y una confianza incondicional en la Providencia. Así, señalaba: «el desapego del afecto a todo lo que el hombre posee es necesario en todo cristiano. Tanto más lo es para quien ha escogido como porción y herencia al Señor». En este sentido se tiene también a San José. Los ejemplos evangélicos reconocen sus situaciones problemáticas, y por ello, «se invoca a san José como protector de los indigentes, los necesitados, los exiliados, los afligidos, los pobres, los moribundos. (…) De José debemos aprender el mismo cuidado y responsabilidad: amar al Niño y a su madre; amar los sacramentos y la caridad; amar a la Iglesia y a los pobres».

 

Como San José en la casa de Nazaret, «cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración». Seguro que José y Felipe rezaron mucho y bien a lo largo de su vida. Éste último afirmaba: «El hombre sin oración es un animal sin discurso. (…) Cuando tengo tiempo para hacer la oración a Dios, espero obtener cualquier gracia que le pido».

 

Por ultimo, un rasgo característico e importante de ambos patriarcas es la alegría. Sobre la de San José escribe el Papa Francisco en su Carta que, como padre, le enseñó a Jesús a ser alegre: «San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo». El júbilo era algo privativo de San Felipe cuando recorría las calles de la Ciudad Eterna. En Roma era conocido como el apóstol de la alegría. «La alegría es contagiosa y es un signo de la paz con Dios, con uno mismo y con los demás. Con la alegría se alimenta la caridad y la vida comunitaria. La broma, tan amada por San Felipe, la burla inocente, el chascarrillo simpático distraen el ánimo cansado y lo renuevan».

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