Comenzamos en el día de hoy, el Triduo Pascual, la etapa cumbre de la vida cristiana. Como Hermanos y Hermanas de la Escuela, como fieles cristianos en general, podemos participar en nuestras respectivas Comunidades Parroquiales en las funciones que se hayan establecido, cumpliendo todas las normas sanitarias vigentes; o bien a través de los medios de comunicación desde nuestras casas.

            Como complemento a esta segunda opción, recordemos la importancia que tiene la Comunión espiritual, un alimento para el alma que se puede hacer en cualquier momento del día y en cualquier lugar del mundo. Además, proponemos como reflexión un texto del Beato Juan de Palafox (en el décimo aniversario de su glorificación), y los himnos del día para la oración.

 

REFLEXIONANDO EL TRIDUO CON EL BETATO PALAFOX

 

«En este discurso, fieles, gobierna a la pluma el celo, y así omito algunos puntos en la muerte del Señor y meditaciones de su Pasión sacrosanta, que saldrán en diferentes tratados y otros se hallarán en el primer tomo de las Instrucciones Espirituales. Aquí sólo es mi intento referir las injusticias y maldades que intervinieron, más para que se formen dictámenes ajustados en lo bueno, que es el perfecto aprovechamiento, que para promover a ternura y devoción, la cual fácilmente se mueve y promueve sobre aquéllos.

Habiendo visto la eterna Sabiduría que estaba capitulada su muerte, trató el mansísimo Cordero de disponerse a la entrega: y así dos días después que Judas lo concertó, juntó en el Cenáculo a sus discípulos y habiéndolos hecho una plática muy tierna, ciñó con una toalla la inmensidad infinita y con agua de bendición y piedad, comenzó a lavar sus pies. Llegó a san Pedro, y viendo a Cristo a los suyos, se avergonzó de mirarlo; y con aquella resolución que le ofrecía aquel noble natural, dijo con profunda reverencia: Domine, tu mihi lavas pedes? Señor, ¿tú me has de lavar los pies? Como quien dice: ¿Tú, Dios, a mí, criatura? ¿Tú, Rey ungido, a mí, súbdito? ¿Tú, Señor, a mí, tu esclavo? ¿Tú, Maestro, a mí rendido discípulo? Yo nací para servirte. Tú no, a mí.

Entonces el Señor, enseñándole a Pedro que aquel lavar era también mejorar y que el que no quedaba lavado y mejorado de su mano no podía ser coronado en su reino de su mano, le dijo: Si non lavero te, non habebis partem mecum. Pedro, si no te lavare, no tendrás parte conmigo. El santo Apóstol, que vio que cuando él repugnaba a la humildad le hacían argumento con la gracia, bondad y misericordia del Señor postrado a sus santos pies, le dijo: Domine,non tantum pedes, sed et manus et caput: Señor, no sólo los pies, sino las manos y la cabeza. Como quien dice: en llegando, Jesús mío, a purificar y lavar vuestro discípulo, no sólo os ofrezco los pies que purifiquéis, que son mis afectos, sino las manos y la cabeza, que son mis obras y pensamientos. Volvió el Señor a su estado la humildad de su discípulo amante, y dando en unas mismas palabras aliento a Pedro y a los demás, y a Judas el traidor recuerdos de su miseria, dijo: Qui lotus est, non indiget nisi, ut pedes lavet, sed est mundos totus, et vos mundi estis, sed non omnes. Como quien dice: El que está lavado como tú lo estás, Pedro, con la fe que te ha revelado el Padre, y más cuando ardes en caridad, no necesita de lavar más que los pies del polvo que a ellos se acerca, en el preciso ejercicio de este miserable y transitorio: limpio está a la gracia todo, aunque no lo esté del todo a la perfección; y así limpios estáis, mas no todos: esto lo dijo por Judas: Sciebatr enim Jesus (dijo el Evangelista), quis traditurus esset eum. Sabía muy bien Jesus quién lo había de entregar. Oh, qué vuelcos le daría al traidor el corazón al oír estas palabras, si es que tuvo corazón! ».

Semana Santa. Injusticias en la muerte de Cristo.

Beato Juan de Palafox.

 

 

COMUNIÓN ESPIRITUAL

Creo, Jesús mío, que en la hostia estás presente,

y ya que no puedo recibiros ahora sacramentalmente,

venid a mí al menos espiritualmente

y habitad en mi alma eternamente.

Jesús mío quisiera amaros y consolaros

por todos los corazones que os afligen y no os aman. Amén.

HIMNOS

OFICIO DE LECTURA.

¡Oh, cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

Cantemos la nobleza de esta guerra,

el triunfo de la sangre y del madero;

y un Redentor, que en trance de Cordero,

sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso

de Adán, que mordió muerte en la manzana,

otro árbol señaló, de flor humana,

que reparase el daño paso a paso.

Y así dijo el Señor: «¡Vuelva la Vida,

y que el Amor redima la condena!»

La gracia está en el fondo de la pena,

y la salud naciendo de la herida.

¡Oh, plenitud del tiempo consumado!

Del seno de Dios Padre en que vivía,

ved la Palabra entrando por María

en el misterio mismo del pecado.

¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,

y a Dios como el menor de los humanos?

Llorando en el pesebre, pies y manos

le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,

dio el paso hacia la muerte porque él quiso.

Mirad de par en par el paraíso

abierto por la fuerza de un Cordero.

Al Dios de los designios de la historia,

que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;

al que en la cruz devuelve la esperanza

de toda salvación, honor y gloria. Amén.

LAUDES.

Jesús de María,

Cordero santo,

pues miro vuestra sangre,

mirad mi llanto.

¿Cómo estáis de esta suerte,

decid, Cordero casto

pues, naciendo tan limpio,

de sangre estáis manchado?

La piel divina os quitan

las sacrílegas manos,

no digo de los hombres,

pues fueron mis pecados.

Bien sé, Pastor divino,

que estáis subido en alto,

para llamar con silbos

tan perdido ganado.

Ya os oigo, Pastor mío,

ya voy a vuestro pasto,

pues como vos os dais

ningún pastor se ha dado.

¡Ay de los que se visten

de sedas y brocados,

estando vos desnudo,

solo de sangre armado!

¡Ay de aquellos que manchan

con violencia sus manos,

los que llenan su boca

con injurias y agravios!

Nadie tendrá disculpa

diciendo que cerrado

halló jamás el cielo,

si el cielo va buscando.

Pues vos, con tantas puertas

en pies, mano y costado,

estáis de puro abierto

casi descuartizado.

¡Ay si los clavos vuestros

llegaran a mí tanto

que clavaran al vuestro

mi corazón ingrato!¡Ay si vuestra corona,

al menos por un rato,

pasara a mi cabeza

y os diera algún descanso! Amén.

VÍSPERAS.

¡Memorial de la muerte del Señor,

pan vivo que a los hombres das la vida!

Da a mi alma vivir solo de ti,

y tu dulce sabor gustarlo siempre.

Pelícano piadoso, Jesucristo,

lava mis manchas con tu sangre pura;

pues una sola gota es suficiente

para salvar al mundo del pecado.

¡Jesús, a quien ahora veo oculto!

Te pido que se cumpla lo que ansío:

que, mirándote al rostro cara a cara,

sea dichoso viéndote en tu gloria. Amén.

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