ORACIÓN – MEDITACIÓN a la Patrona de la Ciudad de Orduña

 

Para que María nos acompañe en el Año de la Familia Amoris Laetitia

a los moradores de Orduña, Ruzabal, Arrastaría y Saratxo.

 

«Sin embargo, el hogar debe seguir siendo el lugar

donde se enseñe a percibir las razones y

la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo».

Papa FRANCISCO

 

Madre, inspirados en las palabras del Papa Francisco acudimos a Ti en este día de fiesta. Queremos felicitarte, como lo hacemos cada año, en Otxomaio y cada septiembre desde que nuestros antepasados quisieron festejarte coronada como Reina. ¡Zorionak!

El Papa resalta la importancia de la Iglesia Doméstica, «donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo». (AL nº 287). Tu hogar de Nazaret es ejemplo a seguir en todo, pero también en estas pautas que nos señala el Pontífice: «Ante cada familia se presenta el icono de la familia de Nazaret, con su cotidianeidad hecha de cansancios y hasta de pesadillas, como cuando tuvo que sufrir la incomprensible violencia de Herodes, experiencia que se repite trágicamente todavía hoy en tantas familias de prófugos desechados e inermes. (…) Como María, son exhortadas a vivir con coraje y serenidad sus desafíos familiares, tristes y entusiasmantes, y a custodiar y meditar en el corazón las maravillas de Dios. En el tesoro del corazón de María están también todos los acontecimientos de cada una de nuestras familias, que ella conserva cuidadosamente». (AL nº 30).

Como nos decían días pasados, en el primer día de tu novena, «el curso pastoral empieza pronto. Ayúdanos, Madre de la Antigua, a continuar en tu Escuela de Oración. El Magníficat, el Ángelus, tu saber acoger la Palabra de Dios, y llevarla a cabo acompañando a los discípulos de tu Hijo serán grandes lecciones para este próximo curso».

Para avanzar en esas lecciones, Madre, te reconocemos en las letanías como Reina de la familia. La que dio al Padre el ‘Sí’ para ser sagrario humano del Hijo de Dios. Tu confianza no es única en esa familia, Tú esposo San José –cuyo año estamos celebrando pidiéndole que se muestre “padre también de nosotros y nos guíe en el camino de la vida”– también confió en Ti y en el Padre. Segundo ‘Sí’. Pero sabes María que el ‘Sí’ más importante es el que le dio tu Hijo al Padre para encarnarse y vivir su pasión, muerte y resurrección redimiendo al género humano.

Esa «encarnación del Verbo en una familia humana, en Nazaret, conmueve con su novedad la historia del mundo. Necesitamos sumergirnos en el misterio del nacimiento de Jesús, en el sí de María al anuncio del ángel, cuando germinó la Palabra en su seno; también en el sí de José, que dio el nombre a Jesús y se hizo cargo de María». (AL nº 65). Esa inmersión requerida nos debe llevar a través del Evangelio y de la oración al ‘Sí’ (también con mayúscula) de cada persona cristiana. ¿Hemos dado ya nuestro ‘Sí’? ¿Hasta dónde llega el compromiso? ¿La confianza en nuestra Madre?

En este año que estamos rememorando la publicación de la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris Laetitia del Santo Padre Francisco, no se nos pide nada extraño, ni difícil… La transmisión de la vida es la culminación del matrimonio. La transmisión de la fe es la culminación del matrimonio cristiano. Ya lo hicieron nuestros padres con nosotros. Nuestros antepasados con ellos. Es algo natural: vivir y testimoniar la fe en el día a día con el ejemplo dentro y fuera del hogar. Así lo hacían el padre y la madre de la familia de Nazaret: «…era una familia sencilla, cercana a todos, integrada con normalidad en el pueblo. Jesús tampoco creció en una relación cerrada y absorbente con María y con José, sino que se movía gustosamente en la familia ampliada, que incluía a los parientes y amigos». (AL nº 182).

La invocación a la Madre, María de la Antigua, en el día del aniversario de su Coronación; la plegaria al Padre, San José, en su año de aniversario; la adoración al Hijo, Jesús, verdadero creador de esa familia, sea algo constante durante el curso que comienza. Oremos a la Sagrada Familia:

 

Jesús, María y José

en vosotros contemplamos

el esplendor del verdadero amor,

a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,

haz también de nuestras familias

lugar de comunión y cenáculo de oración,

auténticas escuelas del Evangelio

y pequeñas iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,

que nunca más haya en las familias episodios

de violencia, de cerrazón y división;

que quien haya sido herido o escandalizado

sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,

haz tomar conciencia a todos

del carácter sagrado e inviolable de la familia,

de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,

escuchad, acoged nuestra súplica.

 

María, Reina de las familias. Ruega por nosotros. Amén.

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